Ya hablé de mis amores frustrados, de la música, así que voy a lo demás.
En tercer año mi queridísima amiga Camiviena (gracias a quien estoy escribiendo esto a las cinco de la mañana) se fue a vivir lejos. ¿Qué tan lejos? AL CHACO. Dejó un agujero irreparable en mi corazón, pero todo piola porque se hizo amigos directioners y mientras ella sea feliz yo también lo soy
Como ya mencioné anteriormente, en cuarto año la maravillosa escuela a la que asistía (y que odié con la energía de cada átomo de mi ser) sólo te daba una opción: ir a la mañana. Eso fue un gran cambio para mí, porque toda la vida estuve en el turno tarde; e inocentemente pensaba "ahh, no es tanto, sólo me tengo que acostumbrar a levantarme temprano, además dicen que ir a la mañana es mejor" JAJA, pobre gila. Hasta el último día que asistí a esa mugrosa escuela no me acostumbré a levantarme temprano. Me sentía horrible al no tener mi horario acostumbrado, y todos mis días eran así:
- Levantarme a las seis con un humor del orto
- Ir a la escuela a las siete con un humor peor
- Bancarme a los hijos de puta de mis compañeros a los que odiaba y esperar que hubiese un atentado de un grupo terrorista de esos de medio oriente y nos mate a todos
- Salir de la escuela seis horas después con un poco de alivio
- Almorzar (era lo único que me daba felicidad)
- Boludear con la computadora e intentar quedarme despierta
- Fallar y dormirme con la computadora encima
- Despertarme de la siesta con un humor del orto, pero esta vez de un orto del tamaño de la casa de gobierno
- Los martes y jueves ir a inglés (el humor del orto se extendía más de lo usual)
- Hacer la tarea y renegar porque era una mierda, les juro que a veces tenía que hacer cosas tan chotas como un afiche con cosas que me representaran o escribir mi biografía; me acuerdo y me hierve la sangre
- Cenar (momentánea felicidad)
- Bañarme
- Ir a dormir a un horario que me permitiera tener las horas de descanso necesarias para mantener mi juventud
- Fallar y dormirme a las tres de la mañana
- Dormir como el orto y despertarme al menos tres veces para comprobar que no me quedé dormida para ir a la escuela
- El ciclo se repite
Tengo muchísimas cosas que contar de esta escuela de mierda, pero me iría mucho por las ramas y honestamente cada cosa que recuerdo me trae flashbacks como de guerra que me incitan a volver... para incendiar todo. Por suerte en mi casa finalmente me entendieron (o se dieron cuenta de que la cuota era muy cara para una escuela en la que faltaban siempre los profesores y vivíamos en horas libres) y me cambiaron a una escuela pública.
Y lo de la escuela pública tiene su historia también, porque era una escuela a la que iba mi madre y mi abuela pensaba que eso me llevaría a tener el mismo destino que ella (o sea, ponerme de novia y repetir infinitas veces el mismo año). Y la verdad que re flasheó, porque terminé quinto año con el mejor promedio y cuando empiece sexto este año seguramente sea abanderada.
En fin, debo decir que el año pasado, aunque tuvo sus mierdas, fue mejor que el 2014. Empecé la escuela (TURNO TARDE!!!!) en la orientación de Arte, de la cual me cansé en una semana y me cambié a Ciencias Naturales. La semana que estuve en Arte fue horrible porque todos eran más grandes que yo y me miraban con cara de orto, por lo que me pasé todos los días sentada sola, leyendo libros y escuchando música. Pero en Ciencias Naturales todo empezó a ir mejor, salí de mi caparazón e hice amigas más piolas que yo.
En cuanto a mis amigos:
Después de tantos años de sentirme excluida, volvió mi queridísima Camiviena, que es como mi otro yo en un cuerpo más negro, a salvarme la vida (palabras de ella). No pude estar en la escuela con ella, pero me contó todos los chismes necesarios para despertar mi resentimiento y me acompañó en el sentimiento. Mi grupo de amigos de la otra escuela (a excepción de Yanina) se olvidó completamente de mí; se acordaron de mi cumpleaños por facebook y vinieron a mi casa en la fecha a usarme el wifi para jugar al Preguntados entre ellos mientras yo agonizaba en el suelo (gracias a una gripe) mientras escuchaba Tame Impala. Me dijeron "nos tenemos que juntar", sí, pero después en instagram vivían poniendo fotos de todas las veces que se juntaron y "se olvidaron" de invitarme, la puta que los parió. Yanina, Camiviena y yo permanecemos juntas en nuestra pequeña hermandad, Las Chicas Superpoderosas.
Creo que eso es todo lo importante, o más bien, todo lo que me acuerdo en este momento. Quiero dormir.

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