20 de enero de 2019

Yo sólo quería ser jarcor

Bueno primero que nada FELIZ AÑO NUEVO MÁS ATRASADO QUE MI NACIMIENTO, probablemente se lo digo solamente al par de microorganismos y el mosquito que hay en mi pared que deben ser los únicos que leen lo que escribo a lo largo de todos estos años de desolación y soledad pero gracias por el aguante. Con más de un mes de retraso procedo a relatar mi primera y muy posiblemente única experiencia viendo a una banda bastante más heavy de lo que estoy acostumbrada.

Creo haber mencionado en alguno de mis demasiados posts hablando sobre bandas (Y BUENO tengo intereses muy limitados y de no ser por eso mi vida sería aún más miserable) a unos tales The Mars Volta. Omar Rodríguez López y Cedric Bixler Zavala, antes de tener este grupo, estaban en At the Drive-In. El ser fan de ellos me llevó a empezar a escuchar esa otra banda que, si bien en el momento en que los conocí no era el tipo de música que solía escuchar, me terminó gustando. El año pasado me enteré de que iban a venir, y como dudo que TMV se vuelva a reunir porque ya tienen algunos cadáveres entre los que serían sus integrantes, para mi cumpleaños pedí la entrada para ir, obviamente sin pensar en qué me estaba metiendo. Como nos pasa a todos cuando nos vamos poniendo más viejos, el tiempo se pasó rapidísimo y sin darme cuenta llegó el día.

El día me bendijo con mucho calor, porque la vida ama hacerme sufrir en lugares cerrados con grandes concentraciones de gente. Como en fechas de recitales yo invado la casa de mi tía y el Teatro Flores quedaba cerca, fui tranca palanca en subte y llegué, no sé, media hora después de que abran las puertas. Realmente no había CASI NADIE y obviamente aproveché para irme adelante de todo, en lo que sería "segunda fila" (porque no hay filas, pero estaba atrás de unas chicas que estaban pegadas a la valla). En este momento tal vez volvería a ese día y me diría no piba, andate un poquito más atrás, está bien que querés morir pero tampoco en este lugar y sofocada por cincuenta vagos con olor a chivo; pero yo me creía re piola y además iba a ver a Cedric de cerca.

Cuando supe que iba a empezar, me preparé para la avalancha a mis espaldas que me empujaría hacia adelante, como me ha pasado anteriormente, y me aferré con fuerza a mi celular porque si se caía ya no me pertenecía (al pedo igual porque me lo punguearon en el colectivo un par de semanas después), pero no me esperaba que todo fuese TAN INTENSO. La gente se cagaba a palos, pero de verdad, volaban por los aires y se revoleaban. Ahí me dije y sí, pelotuda, viniste a ver a una banda hardcore!!

Estar adelante de todo el tiempo que lo aguanté tuvo su recompensa, porque Cedric, mi amor Cedricme miró. Seguramente yo flasheo y miró a cualquiera de los que estaban a mi alrededor, pero tengo que tener algún motivo por el cual sentirme feliz. Cuando salió nos miraba a todos los que estábamos ahí al borde de la muerte haciéndonos caras de boludo, y siento en lo más profundo de mi ser que yo fui receptora directa de uno de esos gestos. 

Lo que aguanté ahí fue el primer tema y casi la mitad del segundo. Yo luchaba por sobrevivir, y para ese momento ya habían pasado por encima mío como cinco personas crowdsurfeando (?). En un momento sentí una patada muy fuerte en la cara, un poco más abajo del ojo, y dije bueno muy lindo todo pero esto recién empieza y me van a devolver a mi casa adentro de una caja. Me fui yendo, como pude, para atrás, hasta llegar a donde el quilombo ya estaba más calmado. 
La patada fue mi merecido por haber sentido que Cedric me miró. Yo tengo la teoría de que, por cada vez que me pasa algo bueno, me tengo que preparar porque ya se viene algo malo y de duración más prolongada (evidencia científica: fui feliz un mes e infeliz seis meses)¿Por qué? No lo sé, sólo sé que es así, pero debido a eso me obligo a disfrutar de mis momentos felices con más ganas y miedo. La patada tal vez fue una bendición, un bautismo hardcore, o la representación más pura de mi vida (o sea que mi vida = patada en la jeta). 

El resto del recital me lo pasé entrando y saliendo constantemente de la zona peligrosa. Cuando empezaba un tema que me gustaba más, me metía al mar de cuerpos sudados a agitarla y cagarme a palos con el primer ser que tuviese al lado, el cual me empujaba aún con más fuerzas, pero todo amistosamente, porque ESTO ES BOKEEE. En las otras canciones me iba para atrás a escuchar, la guitarra casi me deja sangrando los tímpanos, pero era hermoso. 

Todo terminó con One Armed Scissor, en un tsunami de patadas y emoción (?) que nunca volveré a sentir porque no creo volver a vivir voluntariamente un acontecimiento así. Cuando se prendieron las luces, todos se pusieron a buscar sus pertenencias por el piso, enterradas entre muchísimos vasos de cerveza vacíos. Yo perdí, en el último tema, el pañuelo verde que tenía atado a la muñeca de una manera que casi me cortaba la circulación, NO SÉ CÓMO, PERO VOLÓ. Me encontré una riñonera que agité por los aires esperando que alguien la reconociera; era de un chabón en cuero y hecho mierda que vino corriendo y me abrazó agradeciéndome, pero incluso antes de que yo la agarrara alguien ya le había afanado el celular y la billetera que tenía adentro (un país con buena gente).

Volví aturdida y con el ojo morado, pero con una experiencia vivida y al fin y al cabo quién me quita lo bailado.





El último tema siempre es el mejor. Cedric sigue saltando así de sacado.

17 de noviembre de 2018

El sueño de la piba

Esta semana la vida, el destino, la energía cósmica del universo o lo que mierda sea, me recompensó POR FIN después de hacerme aguantar aproximadamente cinco meses de constante sufrimiento psicológico (evidente en lo último que había escrito, un día en el que no aguantaba más). Debo contar los hechos en posts separados, y este va dedicado a posiblemente mi mayor ídolo en la vida, el señor Roger Waters.

Tenía la entrada para ir a verlo desde hace un año, y realmente hasta que no se aproximó la fecha me olvidé de que iba a verlo de nuevo. Desde el 2012 estaba esperando que vuelva, y cuando el año pasado salieron las entradas me chupó un huevo que fuese un martes y tener que irme hasta La Plata; por suerte nadie olvidó mi amor por este señor y ese fue mi regalo de navidad. Fue una espera más larga que la de la vez anterior, pero ya estaba acostumbrada (?). El tiempo pasó y llegó el 6 de noviembre, y ahí estaba yo, en una combi hacia ESE ESTADIO DE MIERDA QUE ODIO.

Siempre considero necesario mencionar la importancia de Pink Floyd en mi vida, aunque ya lo haya hecho muchas veces. Toda la música la asocio con épocas y recuerdos de mi vida, porque vivo a través de la música que escucho y que me acompaña todos los días, y Pink Floyd fue protagonista de un período particular, el de la entrada a la adolescencia. Tenía 12 cuando una tarde de vacaciones de invierno pasaron en Much Music un recital en el que tocaban The Dark Side of the Moon completo, y yo realmente me quedé impresionada con esa música. A partir de ahí me puse a investigar, a escuchar todos sus discos y aprenderme todas sus canciones, porque uno también se refugia en las cosas que le gustan. Mi paso de la pubertad a la adolescencia fue complicado porque salieron a la luz muchas cosas que, hasta ese momento, creí que no tendrían importancia si las reprimía. La ausencia de mi mamá, la mala relación con mi papá, el sentimiento de ser ajena a todas las otras personas en mi vida y de nunca poder encajar en ningún lugar, el odio hacia mí misma; todo eso me atacó y casi sin darme cuenta me hizo vivir una pesadilla y pensar cosas horribles cada día. Por sobre todas las cosas, no podía dejar de sentirme sola. Pero tenía a Pink Floyd. En sus canciones me vi a mí, a mis pensamientos y a las cosas que me atravesaban, y por eso creo que tengo mucho para agradecerle a Roger Waters, porque me hizo sentir que existía una persona en el mundo que me entendía. ~Fin de la parte solemne y emotiva~

Cuando fui a ver el recital de The Wall en 2012 lloré como una hija de puta ni bien vi el escenario. Esta vez, años después, me contuve un poco más. Sabía que iba a estar lleno porque estaban las entradas agotadas, y cuando llegué el único lugar en el que me pude ubicar fue en la rampa que unía las plateas con el campo, de más está decir que esa rampa es UNA CAGADA. Además, ahí estaban apiñados todos los de prevención y casi que los escuché más a ellos gritando "dejen espacio para que pase la gente" que a la música. Por suerte me pude acomodar al borde de el-espacio-para-que-los-rompebolas-pasen y desde ahí pude ver lo más bien.

No sé qué tanto puedo relatar del recital, más allá de que me emocioné muchísimo. No puedo evitar compararlo con el show que vi en 2012, pasa que este me gustó más por tener temas de otros discos que también amo, como Animals o Dark Side (TOCÓ ONE OF THESE DAYS, MI MENTE TODAVÍA NO LO PROCESA). Obvio que lloré, esta vez no al borde del desmayo, pero canciones como Wish you were here y Brain damage/Eclipse hacen florecer sentimientos en este pobre corazón.




La segunda parte de mi aventura Rogerlieber tiene que ver con otra deuda que tenía que saldar desde los 12 años: tenerlo enfrente mío y que me de un autógrafo. La vez anterior que vino creo que absolutamente todo el país sabía dónde encontrarlo, por eso se hacían colas que doblaban la esquina de la cuadra del hotel y, aunque me saludó de lejos porque le grité como desquiciada, las dos veces que fui no logré que me firmara nada. Esta vez, el día del recital averigüé dónde estaba, llegué de La Plata a eso de las tres de la mañana, me dormí y a las ocho de la mañana siguiente ya estaba levantada preparándome para ir a cumplir mi sueño.

El Four Seasons será muy cheto pero desde afuera apenas parece una torrecita de mierda, por lo menos en la esquina en la que estuve parada horas. Ahí habían algunas personas locas como yo con el mismo objetivo, y tuve que hacer sociales. Igual todo bien, porque a pesar de no tener habilidad social, a veces la gente es piola y si compartimos gustos es como que me siento más tranquila. Esperamos, hablamos de la vida, hablamos de Pink Floyd, tuvimos frío, nos cagamos de hambre, hasta que salió el guardaespaldas de Roger y nos avisó que sólo salía a firmar los días que tenía show; por lo tanto, teníamos que volver el sábado. Los que estuvimos ahí hicimos un pacto de no revelar la información top secret de la ubicación del señor, para que cuando volvamos no estuviese lleno de gente, y nos despedimos con un "hasta el sábado".

El sábado me despertó una lluvia de la san concha, pero afortunadamente soy una persona cabeza dura que una vez que se propone algo lo tiene que cumplir tal vez por eso es que todavía sigo viviendo. Nuevamente me levanté y me encaminé hacia el centro, con cds en mi mochila y el paraguas de mi abuela en mis manos.

Esta vez había más gente que el miércoles, pero tampoco eran más de 200 como en 2012 (estoy traumadísima con los hechos del 2012, déjenme). Bajo la lluvia esperé en la vereda del hotel, haciéndome la cabeza y pensando Y SI NO SALE? Y SI SE VA A LA MIERDA Y NOS DEJA ACÁ TIRADOS A TODOS? Y SI SE VA ANTES DE QUE YO LLEGUE A TENERLO ENFRENTE? Y SI SE MUERE Y YO ME LO PIERDO DE NUEVO?? Por suerte salió el guardaespaldas, nos contó a todos y asintió, como asegurándonos que todos llegaríamos a obtener lo que estábamos buscando. Nos dijo que iba a salir a eso de las dos, sólo quedaba esperar.

En un momento, no sé cómo, la fila se trasladó hacia el hall del hotel. Yo estaba empapada y protegiendo mis cds con la vida; llevé los tres que tengo y fue momento de elegir uno. Tenía The Piper, Dark Side y The Wall, y aunque el primero fue el que le dio inicio a esta banda y The Wall fue como mi refugio en malos momentos, elegí Dark Side porque sin haberlo escuchado yo no hubiese estado ahí ese día. De un momento para el otro PUM, SALE ROGER Y LA FILA SE MUEVE.

Desde donde yo estaba no veía mucho, pero cuando lo pude ver ahí, a una corta distancia de mí, sentí que iba a fallecer. Así en un pedo iba pasando la gente, hasta que sólo había una persona adelante mío. El señor quería que le firmara la remera que tenía puesta, pero por algún motivo no firmaba remeras, y cuando me doy cuenta él, el mismísimo George Roger Waters, me está mirando a mí, me está señalando a mí y me está diciendo "you!" para que pase a mí. Mi vida pasó en cámara lenta en los siguientes, como mucho, diez segundos. Le di mi cd, él lo agarró y empezó a trazar una R con su marcador plateado; ni siquiera lo hizo a las apuradas, yo sentí que se tomó todo el tiempo del mundo para hacerme una firma prolijita y que no se viera como un garabato. Mi cuerpo se había convertido en un temblor chileno. Yo levanté la vista y lo vi, lo tenía a centímetros de mí, o sea, estaba coexistiendo en el mismo espacio que Roger Waters, el bajista de Pink Floyd, uno de los mejores compositores del mundo cuya obra sigue conmoviendo a millones, una leyenda del rock como dijo mi tío. Sobre todas esas cosas, el hombre que, aún sin conocerme, me tocó el alma y me hizo sentir comprendida. LA RE PUTÍSIMA MADRE QUE ME REMIL PARIÓ. Yo lo miraba y se me superponían imágenes suyas de joven; era el mismo Roger de las más de tres mil fotos en mi computadora, el mismo que nació en Surrey y conoció a Syd Barrett, el mismo que compuso Atom Heart Mother, el mismo que le dio al gong en Live at Pompeii, el mismo que largaba aros de humito con el pucho, el mismo que toda mi vida vi a través de videos, EXISTÍA Y ESTABA AHÍ, FIRMANDO MI CD DE THE DARK SIDE OF THE MOON, EL CUAL COMPUSO ÉL. Todo eso pasó por mi cabeza en segundos. Roger me devolvió el cd. De mi boca salió la sonrisa más pura que tuve jamás y un muy deforme "tHaNk YoU sO mUcH" lleno de emoción, él me sonrió, como sintiendo a la vez la emoción que me provocaba estar enfrente suyo, me dijo "thank YOU!", y me tocó el hombro como para despedirme.

Todavía no caigo.

Todavía veo el cd apoyado en una repisa de mi biblioteca y no lo puedo creer.

No puedo creer que la firma de Roger Waters esté sobre un objeto que me pertenece.

Lo amo.
LITERALMENTE UN SEGUNDO ANTES DE QUE ME LLAMARA.

Una Agus feliz.


16 de octubre de 2018

Marchita

Hay días en los que todo cuesta mucho, muchísimo más de lo que debería. Días en los que me despierto y siento como si me hubiesen pegado una patada en la boca del estómago, o como si tuviese cables enredados en el medio del cerebro, o algo atrapado entre las costillas que amenaza con salir violentamente y partirme el pecho. Es angustia, por ningún motivo en particular; simplemente me despierto sintiéndome así. Esos días existen mil opciones de cosas que pueda llegar a pensar o sentir, todas malas. He llorado en la mesa de la cocina, mientras almorzaba, he llorado mientras me bañaba, he llorado en las aulas de la facultad y en el transporte también. He llorado horas y horas hasta deshidratarme y terminar temblando en el piso, con pánico no de morir, sino de seguir viviendo así por siempre. A veces me puedo quedar en mi casa, otras veces no queda otra que salir, eso cuesta un poco más. La gente me dice, siempre con buena intención, "no te pongas mal"; pero es porque no saben. No saben lo que es mirarte al espejo y sentir que no hay nada que odiás más que eso que ves reflejado, que sos vos. No saben lo que es compararse inevitablemente con todos los demás, porque la chica de al lado siempre es más linda, porque él estudia y trabaja a la vez y parece todo tan fácil, porque otro a tu edad ya hacía una cosa que vos no serías capaz de hacer nunca; porque al lado de cualquiera sos la nada misma. Mis amigos se juntan, se divierten, se ríen y se entienden entre ellos; yo siempre estoy al margen, observando algo de lo que no logro ser parte completamente. Tal vez por eso pongo excusas para no ver a nadie y me quedo en mi casa escuchando canciones de cuando todo era más fácil, de cuando podía correr a los brazos de mi mamá y sentir que era suficiente para alguien en el mundo. Tal vez no soporto sentir que todos tienen algo que a mí me falta. A veces digo que extraño ser lo que solía ser, ¿pero qué solía ser? Siempre me sentí terriblemente incompleta, como si hubiese venido con algo roto adentro. Siempre fui esto. Tengo miedo de siempre ser esto. Son las cinco de la mañana y me cuestiono muchas cosas. Siento mucha culpa, siento que podría ser tantas cosas que yo misma me impido ser y que por eso decepciono a tantas personas. Y es que creo que, en realidad, ya no tengo esperanzas para mí. No hay nada que me motive a hacer algo. Estudio porque tengo que hacerlo, porque ser una profesional en algo es lo que se espera de mí. Vivo porque ya estoy acá, pero a veces estoy tan cansada. A pesar de tener pequeñas cosas que me alegren, como la música o las flores que crecen en mi jardín, nada de eso va a completarme, y creo que nada tiene sentido en realidad. El amor se acaba, los amigos se van, la familia muere. Y uno siempre está solo en el ojo de la tormenta que es la vida. La existencia pesa, pero es una carga de la que no me puedo deshacer. Sólo espero tener un poco de paz, ser capaz de aguantar, de aguantarme el tiempo que me quede.

5 de septiembre de 2018

En el episodio de hoy de Cosas que me pasan por ser mujer:

Hay veces en las que tendría que tener más presente que la gente es garca. O sea, yo soy de andar por la vida pensando que las personas tienen buenas intenciones, o simplemente intentan ser buena onda, porque yo soy así: trato de ser educada con todos, los conozca o no.

En la fila del colectivo que me tomé toda la vida de la estación de tren hasta mi casa, por el motivo de viajar en el mismo horario casi todos los días, solía cruzarme con un tipo que me sacaba charla. Yo odio completamente que me rompan las bolas cuando viajo y hasta temo encontrarme con alguien que conozca y tener que ir conversando porque en el viaje quiero escuchar música en paz la puta madre. Este chabón, un laburante, casado y aparentemente de más de 40 años, para colmo iba hasta el final del recorrido, y yo obviamente por compromiso iba conversando todo el camino con él. A la gente le gusta conversar sobre cualquier boludez, como mi abuela, que en la fila del chino ya contó toda su vida; por eso trato de ser copada y hablar, porque tampoco sé si la otra persona en su vida no tiene a alguien con quien hablar ?¿¿? Tengo esa creencia y sentido pelotudo de compasión por el otro, y a veces lo odio.

EN FIN. Tuve vacaciones, después el paro universitario que ya estaría cumpliendo el mes, razones por las cuales no viajé más en el horario en el que me cruzaba a este idiota. El sábado, a las nueve de la mañana, tengo la grandísima suerte de encontrármelo en el colectivo cuando estaba yendo a la psicóloga. Desde el fondo me llamó, yo pensaba "la puta madreeee" y no me podía hacer la pelotuda, así que me fui a sentar ahí.

El chabón como que estaba re contento de verme, qué se yo, como si yo fuese alguien re interesante para hablar los diez minutos que dura el viaje en colectivo. Me decía:
-No puedo creer que te volví a encontrar, pensaba que no te iba a ver más
-Ahhh jaja sí, es que no viajé más a esa hora (me chupa un huevo man, no te conozco y solo te hablo de compromiso)
-Qué suerte que tengo
-Jaja

En una de esas todo se fue al carajo. El tipo me agarra de las manos. Yo estaba tipo qué recarajos te pasa. ME ACARICIA LA CARA. Yo ya me puse seria, me trataba de soltar. Me seguía hablando pero ya no escuchaba nada, me puse a mirar para todos lados; para colmo no había nadie en el colectivo. Después el pelotudo este trata de encajarme un beso, yo me corrí lo más que pude, quería vomitar, no me salían las palabras, ni pararme, ni gritar, ni nada. Fue horrible, incomodísimo, quería llorar de la impotencia. El tipo se aprovechó de que encima no había nadie, no logro entender qué le hizo pensar que yo le di pie para que en cinco minutos le pinte tanta confianza y se quiera propasar.

Me bajé del colectivo y me puse a caminar rápido. El tipo venía atrás mío, se iba a tomar el tren conmigo. Se sube al mismo vagón que yo y se para cerca mío. Me seguía hablando y yo respondía cualquier cosa ya sin mirarlo, era evidente para los que viajaban conmigo que me sentía mal y lo trataba de evitar, pero seguía. Se bajó en Morón y me dijo que esperaba encontrarme de nuevo.
Voy a hacer todo lo posible para no encontrarlo. Voy a tener que volver más tarde, tomarme el colectivo que va para el otro lado, bajarme en la estación siguiente, llegaré tarde a la psicóloga con tal de no volver a verlo. Me sentí tan asquerosa después de eso, como si me hubiesen abusado; llegué al consultorio y lo primero que hice fue pedir ir al baño para lavarme las manos y el cachete que me había tocado.

Lo peor de todo es que, encima de que el tipo fue quien se abusó, la que se quedó sintiendo culpable fui yo. Me quedé pensando en si en algún momento yo hice algo que le haga pensar que tenía otra intención. Me quedé sintiendo que la culpa es mía por querer ser amable con la gente y creer que les debo bondad. Sobre todo, me quedé con miedo de volver a encontrarlo y no poder zafar de otra situación similar.

Todo es una mierda.

14 de julio de 2018

Estoy viva

¿Por qué puse este título si la única que lee este blog pedorro soy yo? Bueno, ya fue.

La facultad se apropió de mi vida y no me la tomé tan en serio al principio, pero pasan los días, se acercan los parciales y el sufrimiento es real. Ves que no llegás, que tenés diez textos de mierda para leer, entender, resumir y estudiar y desperdiciaste un día entero tirada en la cama mirando los bloopers de Crónica; pero no podés volver el tiempo atrás. Te sentás a estudiar y tenés al lado tuyo una pila de pañuelos con mocos y lágrimas, no sabés por qué llorás, pero lo hacés todo el tiempo; tal vez sea yo sola, o tal vez somos muchos más los llorones. En fin, ya recursé una materia de mierda que odio y voy a intentar darla libre y no suicidarme en el intento, en las otras dos voy a final pero no quiero ni saber la fecha, sólo necesito flashear que no tengo nada para hacer y después arrepentirme cuando tenga el brote psicótico con delirio místico.

En otros planos de mi vida las cosas son extrañas. Cuando empecé la facultad me reencontré con alguien con quien me había peleado, el año que estuvimos sin hablar la extrañé mucho, pero ya aclaramos todo y dejamos los rencores de lado, como si no hubiese pasado nada; es lindo saber que las amistades persisten y la gente sigue unida a pesar de haber tenido sus diferencias. 
También conocí a alguien que me dio vuelta la vida, aunque suene re cliché. Nos seguíamos en Twitter y me saludó por mi cumpleaños, resulta que nos gustábamos mutuamente pero no nos animamos nunca a tomar la iniciativa porque sí. Ahora tenemos algo que no sé qué es, no se le puede poner nombre, pero nos queremos muchísimo y eso es lo que importa, que nos hacemos felices mutuamente. Por mi parte, creo que nunca fui tan feliz; vivimos muy lejos pero me motiva pensar que algún día nos vamos a poder ver de verdad. Es raro el amor, pero nunca pensé que te podía hacer ver las cosas de una manera tan diferente. O sólo es raro para mí, porque nunca tuve nada recíproco, a veces siento que no me lo merezco y que es demasiado bueno para ser verdad, pero no te queda otra que creer.

Y bueno, yo sólo vine a descargar mis cursilerías y dejar expreso que no morí, las leyendas nunca mueren (?)


20 de abril de 2018

Vivencias sarmienteras

El transporte público es algo que experimenta todo buen pueblerino, ya que aparentemente el centro de todo el puto mundo es Capital; si no sos de ahí seguramente estás entre vacas bendiciendo la mesa con una oración al Gauchito Gil antes de comerte un tatú asado. Volviendo al tema, el transporte público es como mi segundo hogar. Lo conozco desde chica, desde que me mudé a Flores y pasé todos los fines de semana yendo y viniendo de la casa de mis abuelos, o sea que ya hace mucho viví incendios de trenes, bajarte del tren en medio de las vías porque pisó un auto, bajarte porque hay tanta gente que no podés respirar, la cosa sana.

Desde el comienzo de mi vida universitaria, mis viajes diarios a CABA me brindaron muchas experiencias de las cuales obviamente me nutrí para poder quejarme de algo por acá. El Sarmiento es un mundo, está ese horario en el que no podés viajar si no te vas a una terminal y lo tomás desde ahí, el horario en que se rompen los trenes (generalmente al mediodía) y ese extraño horario en el que por ahí viajás tranqui aunque lo más seguro es que alguien, de alguna manera, te rompa las pelotas. A continuación, y sólo porque tengo sueño, mi top 3 de aventuras sarmienteras.

Puesto número 3: El viejo petero.
(Cabe aclarar que cualquier persona que me moleste, no importa su edad, es viejo y petero para mí.)
Yo iba tranqui apoyada en los cosos esos que hay adelante de los asientos reservados, esos en los que todos siempre apoyan el culo, al lado de una de las puertas. De hecho, soy una de las personas que siempre van con el culo apoyado ahí. En fin, en no sé qué estación, se sube el susodicho viejo petero y se acomoda a mi lado, en el espacio libre del coso ese. Yo soy una piba que trata de no joder a nadie, intento ocupar el mínimo espacio posible y no hacer contacto físico con los que me rodean; pero obviamente a todos les chupa un huevo. Este señor iba con su mochila hacia adelante y agarrando el celular de manera que su codo se clavaba en mis costillas. Me iba corriendo un poco más cerca de la puerta para que no me joda, pero el viejo se corría conmigo. En un momento le di la espalda y quedé con la cara prácticamente pegada a la puerta PERO YO SEGUÍA SINTIENDO SU CODO PEGÁNDOME. Ahí ya estaba harta y le dije "vas re cómodo no?", a lo que el chabón ni bola y siguió golpeándome. En Liniers se empezó a vaciar el tren y yo corrí para afanarle el asiento en el que se estaba por sentar, ja, por forro.

Puesto número 2: Las bendiciones.
Es inevitable tener que fumarte un niño que rompe las bolas en cada viaje. Yo nací meada por dinosaurios, así que ese día me tocaron dos. Se subieron en Ituzaingó, una madre con sus dos retoños de más o menos seis y siete años. Yo viajo en el furgón, casi siempre en la parte que hay asientos, pero ese día se llenó mucho esa zona y me tuve que subir en la parte de las bicis, que más o menos es tierra de nadie. Me acomodé entre dos de los cañitos donde ponen las bicicletas (porque iban desocupados) bien pegada a la ventana y fui tranquila, hasta que se subieron estas personas. Las niñas se sentaron en los caños cercanos a donde iba yo, iban comiendo un choripán así que estaban tranquilas. A los cinco minutos se les fue la paz y se empezaron a gritar y arrojar pedazos del choripán, algunos quedaron pegados a mis rulos. La madre de las criaturas iba hablando por celular y ni pelota, obviamente. Después me pegaron codazos, se tiraron encima mío y se colgaron del caño que sale del techo como haciendo acrobacias, gritando y pateándome en el proceso. Se bajaron en Liniers y me dispuse a continuar mi camino en paz, pero me tuve que bajar a tomar el 136 porque más adelante hubo un accidente.

Puesto número 1: El viejo petero II (este es un viejo diferente).
Iba yo en mi ubicación ya anteriormente mencionada, apoyada como de costumbre pero del lado del pasillo en vez de pegada a la puerta. En Morón se suben no una, sino dos sillas de ruedas, al mismo tiempo y a mi mismo vagón; fue sorprendente porque jamás en mi vida fui con alguien en silla de ruedas. En consecuencia, la gran cantidad de gente que sube en esta estación tenía que ir más apretada. Tuve la suerte de que, además, se subiera una pareja de viejos (estos eran viejos posta, de esos que ya se están por morir). La doña iba en el asiento reservado, y el don a su lado pero parado, agarrado de la manijita del asiento de la doña. En eso pasa un vendedor de chicles, y les juro que en el segundo que me solté del caño del que iba sostenida para sacar diez pesos de mi bolsillo para comprarme un chicle pedorro, el viejo choto SE ABRAZÓ al caño de manera que nadie se pudiera agarrar de ahí. Hasta esto ya se me había desplazado de mi lugar de apoyo habitual, estaba rodeada de gente y no tenía un puto lugar de donde agarrarme. Iba haciendo equilibrio, encima creo que nunca el tren fue a tanta velocidad y me estaba por caer, me balanceaba hacia adelante y atrás, acercándome bastante al viejo idiota este que encima de chorearme el lugar me miraba con cara de orto. Increíble.

Bonus track porque fue en el subte:
Odio el subte, el que esté bajo tierra y no poder ver con claridad por dónde voy me da ansiedad; pero a veces necesito utilizarlo. No sé si alguien es familiar con la línea A, esa que tiene los coches con olor a limón. Las filas de asientos son uno al lado del otro pegados a los costados del vagón, donde están las ventanas. Al lado de los asientos hay caños para sostenerse. Cuando me subí, iba apoyada en una puerta que sabía que no se iba a abrir más, y agarrada de dicho caño. No sé en qué momento se subió un chabón gigante que, en vez de sostenerse de un solo caño con una sola mano como cualquier ser humano no pelotudo, apoyó su espalda en un caño y con sus brazos se agarró del que estaba enfrente. El guachin no sólo impedía que mucha gente tuviera de donde sostenerse, sino que también bloqueaba el acceso al pasillo. Al final de todo se los voy a ilustrar con mis maravillosas habilidades de paint para que no flasheen cualquiera. En fin, el boludo este iba lo más pancho, y en un momento haciéndome la piola le dije "che, no te vas a caer si te soltás de ahí" y me miró con cara de culo. Avergonzado, se acomodó en su lugar como un ser humano normal. And they said Agustina had no influence.

Por esta razón dejé artes visuales.





15 de marzo de 2018


Después de un período en el que sufrí más ansiedad que en toda mi vida, volví.
Tuve muchas aventuras (?) y ahora me dispongo a contarlas porque estoy al pedo, cosa que en el futuro tal vez vaya a extrañar. La razón de mi ausencia es que, increíblemente, estaba estudiando. La cosa es así: 

Para ingresar al instituto en el que quería estudiar tenía que dar tres exámenes de ingreso: dos escritos de inglés y español y uno oral de inglés. Yo tenía mucho miedo porque, según nos explicaron en una charla, había pocas vacantes y entrabas por puntaje. O sea, como mucho entraban treinta alumnos por turno, lo que serían sólo noventa por año; y mientras mejor te iba en los exámenes más probabilidades tenías de conseguir vacante. Yo debía ser una de las 90 que entraran este año, y me puse en situaciones de sufrimiento que consideré necesarias para lograr mi objetivo.

El instituto ofrecía cursos de nivelación de español gratis durante todo febrero hasta la fecha de los exámenes, a los que tuve que asistir porque de español lo único que sé es lo que aprendí en cuarto grado más o menos. Así empezaron mis aventuras, viajando dos veces por semana de Ituzaingó a Retiro (las experiencias vividas en el transporte público las dejo para otro momento porque sino voy a estar escribiendo hasta que me reciba), a veces cagada de calor, peleando con los pasajeros y al borde de la tan ansiada muerte, otras veces no tanto. 

El primer día nos dieron tipo una evaluación de diagnóstico para ver qué tanto no sabíamos. De más está decir que a todos nos fue como el culo y estuvimos muchísimo tiempo aprendiendo a analizar oraciones sintácticamente. Lo odiaba, pero cuando le agarrás la mano se vuelve entretenido, como nombrar cadenas de hidrocarburos. Al principio volvía a mi casa re frustrada, ya mentalizando que no iba a pasar el ingreso; todos mis compañeros eran mi competencia y era re feo porque yo necesitaba que a ellos les vaya mal para poder tener la vacante, sí, suena horrible. ¿Lloré todas las noches? . Pero para distraerme de mi desesperación estaba haciendo modelos de examen todo el día, todos los días. Hasta volvía leyendo esos textos de mierda súper complicados en el tren en vez de apreciar el pintoresco paisaje que me ofrecía mi recorrido ferroviario por el oeste.

Durante este período me aislé de la vida social más de lo que ya lo hago normalmente, algo que me reclamaron mucho. Mis amigos empezaron a flashear que ya no íbamos a durar mucho como amigos, que a mí me pasaba algo o que no los quería ver más. Mi mejor amigo me decía "ahora parece que hay que sacar turno para verte" aHAhahhaHHH pero cuando vos estabas de novio no te podía visitar media hora porque todos los días tenías que conocer a toda la familia extendida de tu novio, te odio, los odio a todos por intensos y rompebolas pero en el fondo los quiero. En fin, voy a pasar directamente a los días en los que concretamente tuve que rendir en vez de explicar con detalle todas mis crisis mentales.

El primer examen era el escrito de inglés, un lunes a las 8:30 de la mañana, obviamente un horario en el que mi cerebrito no funciona. La noche anterior dormí con carpuza UNA HORA, sentía que en cualquier momento podía caer redonda. Al llegar había una fila de la puta madre, no sé para qué si total cada uno tenía asignada un aula diferente. Los problemas empezaron cuando estuvimos como veinte minutos esperando que nos consiguieran un aula decente. Después uh, UH, NO SABEN LO QUE ME PASÓ.

¿Vieron que yo soy una persona bastante, bueno, muy pelotuda? Bueno, cuando estaban tomando lista nos iban pidiendo los dni. En ese momento tuve una visión de cómo me había dejado la billetera con el documento adentro en mi casa y entré en pánico. Cuando me nombraron, me salió automáticamente una mentira de esas que no tenés que meditar mucho para que te salven en el momento: "me lo robaron anoche" (onda, ni siquiera tuve tiempo de ir a hacer la denuncia). Me mandaron a preceptoría a ver qué podía hacer. Ahí me alivié al ver que no era la única idiota en esa situación, y algunos hasta tranquilamente admitían que se habían olvidado el dni en vez de mentir como yo. Vino una secretaria con cara de orto y nos dijo que sin documento no podíamos rendir, lo re 1100to. Los que estábamos ahí nos empezamos a parar de manos, porque la verdad que era una injusticia, habiendo UNA sola fecha al año para rendir el examen (lo sé porque todo el año pasado llamé para ver si se liberó alguna vacante y me dijeron que sólo podía entrar por medio del único examen anual) era una cagada que no tuviesen manera de resolver ese problema. O sea NO TE CUESTA NADA PRESTARME LA FOTOCOPIA QUE TE DI CUANDO ME ANOTÉ. Al final la mina nos hizo un papelito autorizándonos a rendir y teníamos hasta las cinco de la tarde de ese día para traer una identificación.

Volviendo al examen, yo pensaba que era como los que rendí en Cambridge toda mi vida. Bueno, más o menos. La diferencia es que tenías un plazo de tiempo para hacer cada ejercicio, te los iban dando por separado. El primero era una comprensión de texto sobre aviones, qué se yo. El segundo era la composición escrita y yo ya estaba llorando internamente porque estoy acostumbrada a hacer esa actividad a lo último porque es la que te toma más tiempo e imaginación. Tenía que elegir entre una carta de queja (que nunca aprendí a hacer así que ni nos vimos), un cuento y una carta al editor de un diario. Elegí la última y me exprimí los sesos tratando de que suene bien y que tenga la cantidad justa de palabras; a todo esto recordemos que en todo el tiempo que estuve estudiando español no toqué nada de inglés ni en pedo así que me saqué todo de la galera. Después tenía ejercicios de llenar espacios en blanco y reescribir oraciones, una gilada. Me fui a mi casita, comí dos porciones de pizza y volví a Retiro a llevar el dni (que mágicamente "lo encontró un vecino tirado en la calle" soy una basura) para que me validen el examen. Al llegar por segunda vez a mi casa, dormí como una marrana.

El segundo examen era el de español, a esta altura yo ya estaba con un brote psicótico con delirio místico, segurísima de que en este sí me iba a ir mal e iba a ser la vergüenza de la familia. Por lo menos en esta prueba me daban todos los ejercicios juntos y tenía dos horas para hacer todo. Yo ya venía preparada para el texto con el que tenía que trabajar, que supuse iba a ser algo complicadísimo con lenguaje técnico o algo de Borges como los modelos de examen. ¿Saben qué era? Una noticia sobre el fenómeno de los youtubers. Tuve que reír para no llorar. Pisteé como una campeona, la única pregunta sobre tiempos verbales me salió bien (no me sé los tiempos verbales, gente) y en la producción escrita hice exactamente las 150 palabras que me pedían. Salí en paz y compensé mi sufrimiento comprándome maquillaje barato de imitación en Once y durmiendo una siestuli.

En el medio de todo esto, me puse a pensar bien y tuve que aceptar que tenía que tomar otra decisión (como si la decisión de elegir una puta carrera que no odiara no hubiese sido lo suficientemente difícil ya): tenía que elegir un plan b, porque existía la posibilidad (grande) de que yo no fuese una de las 90 ingresantes del 2018. Ya sé que soy muy negativa y que no confío en mí misma, pero cómo me iba a tener fe si me vivieron contando historias de gente que trató de ingresar cuatro años seguidos y no pudo o que no pasó por dos puntos?? No es fácil ser la persona que tiene suerte, y mucho menos si sos Agustina y te va como el culo en la vida desde los seis años. Entonces agarré y, como la adulta que se supone que soy, me fui a anotar a la UBA; también en traductorado aunque estuve re negada por dos años porque derecho no me cabía, pero lo terminé aceptando. Al final, el plan b me pareció más atractivo que el plan a y hasta pensé en no ir a rendir el oral y que se vayan a la mierda todos, pero fui porque qué se yo, si no iba a pasar por lo menos quería saber por cuántos puntos.

Al oral fui cantando Todo me chupa un huevo de El Dipy más o menos, ya tenía las bolas llenas y además nadie tenía idea de qué nos iban a tomar, era como un sorteo de bolillas de la Quiniela. Encima al llegar estaban los pendejos a los gritos y con las batucadas por la pelotudez del último primer día (porque ese lugar también es colegio secundario) y estuve cuarenta minutos esperando a que llegara una profesora y una hora más esperando que los pibes dejaran de hacer quilombo. Ahí sí tuve claro que me iba a ir mal porque no sé hablar bien, me pongo nerviosa, me trabo y pronuncio feo. No puedo mantener una conversación en mi idioma, mirá si voy a poder en otro. Me tocaron unos temas de mierda (trabajo y estrés, jaja salu2) en los que no me pude expresar con la fluidez que hubiese querido y sonó todo muy horrendo. Volví a mi casa con cero expectativas y con mucha hambre.

Al poco tiempo publicaron en internet los resultados y, sí, como yo ya predije, no ingresé. POR TRES PUNTOS. Me saqué 80.5 y entraron a partir de 83. Sentí bronca por llorar tanto al pedo, pero, a la vez, alivio porque ya le tomé cariño a la UBA y si llegaba a ser una de las pocas privilegiadas que entraba a ese instituto pedorro yo no iba a ir y ya le quitaba la vacante a alguien. Así que bueno, estoy satisfecha.

Y así amiguitos terminan mis aventuras llenas de dolor y sufrimiento. Ahora sólo voy a tener que ir hasta Puan y de nuevo rendir exámenes de ingreso, sólo que esta vez tengo tres oportunidades para darlo y no tengo que tener un puntaje de puta madre para entrar a la carrera. No olviden volver a este blog para leer todo el sufrimiento que me va a consumir el resto de este año, pero bueno, por lo menos no me están explotando por dos mangos en un McDonald's. Ah, y no se queden pelados de la ansiedad como yo.

20 de enero de 2018

AY CARAMBA

Bueno mis agustinistas, hoy les voy a contar la historia de mi experiencia más cholula hasta la fecha, y que sucedió hace menos de 24 horas.

Estoy de vacaciones en Chile ("¿vacaciones de qué, si estás al pedo todo el día?" seguramente está diciendo mi abuela a la distancia). Estuve tres días en Santiago y hoy es mi primer día en Viña del Mar. 

Soy una piba con mucha mala suerte, pero a veces tengo un orto gigante y me pasa algo genial que parece obra del destino para compensar todo el tiempo que la estoy pasando mal. Por eso, cuando me enteré que The Holydrug Couple iban a tocar en Santiago el último día que yo iba a estar ahí GRITÉ. Historia previa: The Holydrug Couple son una banda chilena de rock que muchos definen como psicodélico, los conocí en octubre del 2016 y soy re fan; acá dejo un temín.

En fin, cuando comprobé que iban a tocar en el teatro municipal que estaba como mucho a cinco cuadras de mi hotel y que la entrada salía el equivalente a menos de 200 pesos argentinos supe que  d e b í a  ir. Y lo hice.

Llegué temprano porque supuestamente las ubicaciones eran por orden de llegada y yo quería estar cerca de ellos, lo suficiente como para verles las gotitas de transpiración que les chorreaban por la cara. Al entrar a la sala del teatro donde iban a estar ellos, me sorprendió ver que no había asientos y había tipo dos escenarios: uno en el que había un piano en el centro de un círculo de luces, y otro donde había una batería. Sabía que antes de The Holydrug Couple iban a tocar otros músicos, de hecho cuando llegué había un chico tocando una guitarra y unos sintetizadores. Me senté en un banco que había a un costado cerca del escenario con la batería (que sabía que era el de mis chicos) para ver bien y me dispuse a esperar.

La espera de mi banda se me hizo eterna, más que nada porque no conocía a los otros músicos que había. Se notaba que todos se conocían ahí, y seguramente yo era la única argentina en ese lugar. En un momento, cuando estaba tocando el primer chico (el que vi cuando entré), vi un pibe de remera blanca y dije "AY, ES IVES" o sea, el cantante y pibe orquesta de Holydrug Couple. Y después lo vi a Manuel, el baterista. Lo único que puede describir cómo me sentía en ese momento es esto: !!!!!!!!. Ellos iban de acá para allá, hablando con gente, tomando birra. Me pasaron por al lado como mil veces y yo solo los miraba tratando de disimular mi emoción. Sabía que tenía que acercarme a hablarles por lo menos un minuto, pero, ansiosa como nací, me daba muchísima vergüenza; y más sabiendo que me trabo al hablar cuando estoy nerviosa.

Pasaban las horas y yo seguía ahí, esperando y escuchando artistas desconocidos y flasheros. Mi tía (sí, hice que me acompañara en mi aventura) se estaba durmiendo, y ya estaba tocando el tercer músico de la noche. El primero fue el wachin de la guitarra y los sintetizadores, los segundos fueron un pibe en la guitarra y otro en el piano que tocaron en ese tipo de escenario central rodeado de luces (me gustó su música pero las luces eran DEMASIADO fuertes y las prendían y apagaban constantemente causándote ceguera temporal), y el tercero era otro chaboncito con sintetizadores tocando un tema muy extenso. En un momento me dije "bueno, tengo que ir a saludar a alguno de los chicos porque los tengo acá nomás y si no lo hago me voy a doctorar en pelotuda". Y ACÁ VIENE LO BUENO.

Yo lo veía a Manuel a la distancia, pero siempre que me estaba por acercar él se encontraba con otras personas y se ponía a hablar, y no lo quería interrumpir. En un momento se fue por la puerta de entrada de la sala y yo dije YA FUE PERRO, me paré y fui hasta ahí, esperando poder saludarlo cuando volviera; y al toque volvió. En ese momento me sentí mega nerviosa, o sea lo tenía literalmente a dos centímetros y dependía de mí iniciar la interacción, de mí, que me da vergüenza hablar por teléfono. Con toda mi caradurez del momento sacada de no sé dónde, le toqué el hombro y le dije "hola".

Cuando se dio vuelta yo sentía que me iba a hacer pis encima en cualquier momento. Ya sé que es un ser humano normal, pero nunca estuve tan cerca de un músico que me gustara; y si ya estaba nerviosa viéndolo pasar, imagínense en ese momento, que lo tenía enfrente mío mirándome. Como pude, le dije que lo quería saludar, que venía de Argentina y nunca pensé que iba a poder verlos tocar pero tuve la suerte de que estuviesen justo cuando yo estaba de vacaciones en Santiago (obviamente me expresé como el orto y no sé si llego a entender todo lo que le traté de decir porque se me cruzaban las palabras de los nervios). Me dijo "ahh de Argentina, qué bueno! Muchas gracias por venir a vernos desde allá". Yo le dije que estaba muy lindo todo, y me dijo algo tipo que tenía que irse a arreglar unas cosas del sonido, pero que en un ratito ya tocaban ellos. Nos dijimos chau y cada uno por su lado, mientras yo volvía a mi banquito con la sonrisa más pelotuda y auténtica de mi vida. Y es que no lo podía creer; toda mi vida los músicos fueron inalcanzables para mí, y sin embargo lo tuve a Manu ahí nomás y hasta intercambiamos unas palabras. QUIERO LLORAR.

Para terminar, después de un rato empezaron a tocar mis chicos y estuvo tremendo. Estaba cerca de ellos y se escuchaba re piola, y hasta pude sacar algunas fotos con mi celular poronga que no se vieran como el orto. 
Conclusión: SOY MUY FELIZ.





Ives

Manuel





8 de diciembre de 2017

EL MEJOR DÍA DE TODA MI VIDA.

Y LO PUSE EN MAYÚSCULAS PARA QUE SE NOTARA LA IMPORTANCIA.

Ayer, 6 de diciembre de 2017, vi a Deep Purple, una de mis bandas favoritas, por segunda vez. Lo "especial" es que fue la última vez que los vería y que fui sola.

Voy a contar todo cronológicamente, más o menos.

Todos los que me conocen saben lo mucho que amo a Deep Purple, pero yo sola sé lo importantes que son en mi vida. Me acompañan desde los 13 años y me refugié en su música en momentos jodidos de mi adolescencia. Desde mi aspecto más hinchapelotas, estuve como un año de corrido obsesionada con ellos y escuchando todos los proyectos solistas de cada uno de sus integrantes. Me enamoré de Ian Gillan y había veces en las que solamente escucharlo cantar me ponía de buen humor. Y muchas otras cosas cursis que por ahí, como ya dije, yo sola entiendo o tienen importancia solamente para mí.

No me acuerdo cuándo exactamente, pero sé que fue en la primera mitad del año, que me enteré que iban a volver. Yo estaba re contenta porque los había visto en 2014 y ya había pasado mucho tiempo. En un principio dudé de ir y me decepciono de mí misma cuando lo recuerdo porque iban a estar en un festival con otras dos bandas, y yo odio los festivales; no quería ver a otras dos bandas, los quería ver a ellos solos. Cuando me enteré que la gira se llamaba The Long Goodbye Tour dije si me pierdo esto no me lo voy a perdonar jamás en el resto de mi vida. Por suerte tenía mil pesos que me habían regalado para mi cumpleaños, así que pude pagar yo sola mi entrada. Mi tía me decía "te tengo que acompañar?" y yo le dije "ya puedo ir sola no?". Omaigá, mi primer recital sola. Antes había ido acompañada a todos lados, pero como ya soy mayor me pegaron la patada en el tuje y arreglátelas sola con tus giladas. Además, era en el hipódromo de Palermo, podía ir y volver a la casa de mi tía en colectivo fácilmente.

La espera transcurrió tranquilamente. Ya soy grande y no me pasó como cuando era más pendeja que en un día cualquiera me acordaba de la proximidad del recital y me ponía a llorar de la emoción. Todo iba bien, sólo me faltaba aprender a ir hasta el hipódromo, pero como ya todos sabemos la vida siempre me caga de alguna manera, y ya van a ver por qué.

Un día estaba en la casa de mi tía, creo que estaba pillando. Ella escucha la radio, y desde el baño oigo la propaganda del festival este en el que iba a tocar Deep Purple. Escuché que cambiaron a Lynyrd Skynyrd por Cheap Trick; meh, si no conozco mucho de ninguno de los dos. Después escuché, clarísimo, "AHORA EN TECNÓPOLIS"
AHORA
EN
TECNÓPOLIS.
Salí corriendo del baño para googlear y, efectivamente, al final se hacía ahí. ME QUERÍA MATAR. Era fácil ir y volver de Palermo, pero Tecnópolis es al costado de la autopista y bueno, para ir salía temprano y listo; pero para volver, de noche y sola, alto cagazo. Pensé mucho en qué hacer, pensé en revender la entrada y directamente no ir (no iba a ver a Gorillaz justamente porque estaban en Tecnópolis, a este recital mucho no lo podía evitar porque ya tenía la entrada); también pensé en decirle a mi tío de venir conmigo solamente para que me traiga porque él tiene auto, pero estuvo un montón de tiempo haciéndose el boludo y para cuando se decidió ya no había más entradas donde tenía yo. Al final, a último momento como hago las cosas absolutamente siempre, conseguí una combi que me lleve y me traiga. Estuve tranquila por una semana, y después llegó el día.

Creo que mi destino es cagarme de calor en recitales de Deep Purple. En 2014 me tocó un día húmedo y asqueroso, este año también. Tuve que ir hasta el centro (de donde salía la combi) y sofocarme esperando en la terminal. El viaje fue rápido, todos los que viajaban conmigo estaban acompañados por alguien más mientras yo estaba ahí con mi soledad. Al bajar, fui directamente al predio para encontrar un lugar aceptable, eran más o menos las 19:30 así que esperaba que no hubiese tanta gente, y así fue. Me empecé a mandar hacia adelante (cosa que mi tía me dijo que no hiciera porque tenía miedo de que me aplasten pero QUÉ ME IMPORTABA SI ESTABA SOLA Y PODÍA HACER LO QUE QUISIERA) y llegué casi hasta la valla que nos separaba a los pobres de los del sector VIP. Ahí me puse a hablar con un chabón que estaba solo como yo y que fue mi guía en toda esa masa de gente que me rodeaba, era re buena onda pero después lo perdí en los pogos y ni siquiera supe su nombre </3. Cuando llegué estaba terminando de tocar Tesla (ni los junaba), a eso de las 20:15 empezó Cheap Trick y estuvo bueno, no tenía tanta gente a mi alrededor. A medida que se iba acercando la hora de Deep Purple, empecé a notar que el lugar se llenaba. No era un lugar grande, así que estar adelante no era un problema para salir pronto cuando terminara. En un momento se apagaron las luces, empezó la introducción y todos nos pusimos a gritar. Acá es donde empieza el recital y empieza lo emocionante de todo este relato.

Arrancó Highway Star e instantáneamente sentí una avalancha a mis espaldas que me empujó hacia adelante. Todos saltamos, todos gritamos toda la canción. Yo los vi en el escenario, lo vi a Ian Gillan Y ESTA VEZ NO FUE EN LA PANTALLA, LE VI LA CARA DE VERDAD, Y NO LO PODÍA CREER. LES JURO QUE NO LO PODÍA CREER. Se me vino a la mente el momento en que lo escuché cantando por primera vez, la emoción que me provocó, todo el tiempo que pasé escuchándolo a lo largo de estos años, lo feliz que me hacía su simple existencia. Él existía, era real, y estaba ahí, en el mismo lugar que yo. Estaba feliz, no podía parar de sonreír. Era todo tan hermoso, y apenas empezaba.

No me acuerdo bien del orden de los temas porque la agité más o menos en todo momento, creo que siguió Pictures of Home y después Bloodsucker, después me acuerdo aislados. Sé que en Lazy me puse a hacer un bailecito pedorro pero en ese momento no me importó quedar como una boluda porque estaba muy feliz. En Space Truckin' yo aprovechaba los momentos de relativa tranquilidad para sacar fotos, porque en el estribillo se hacía pogo y tenía que aferrarme a mis cosas para que no se me cayeran. En un momento de mucha movilización perdí un aro pero después lo volví a encontrar ?¡?¡?¡ es algo que todavía no entiendo cómo sucedió. En otro momento en el que se armó LA ronda de pogo yo quedé justo en el medio cuando todos se me estaban viniendo encima y creo que casi muero. Salté básicamente en todo momento porque mido un metro con cincuenta y cuatro centímetros y sino no veía un sorete. Había un tema que le dedicaron a Jon Lord y en el momento que lo anunció Gillan le tiró un beso al cielo y les juro que no lloré, transpiré por los ojos. Traté de verlos a ellos en todo momento que podía porque sabía que no iba a haber una próxima vez.

Todo terminó con Smoke on the water, Hush y Black Night. Gillan nos dijo goodbye y yo le grité TE AMOOOOOO. La gente se empezó a ir y yo me acerqué a la valla porque había uno de prevención dando vasitos con agua y necesitaba seriamente un poco de hidratación (me traje el vasito de recuerdo porque soy muy cursi). Me quedé un rato ahí mirando cómo desmontaban todo y después me fui a la salida. Pude salir rápido dentro de todo. En el camino a la salida sentí que me dolía todo, que tenía un tobillo torcido y el jean adherido a mis piernas, pero estaba sonriendo como idiota. Un tipo grande con el que nos cruzamos muchas veces en los pogos me vio a la salida y me dijo "nunca vi a alguien tan feliz en un recital como vos" QUÉ ORGULLO. Pero sí, era feliz y era un sentimiento que no me quitaba nada ni nadie. 

Recién hoy pude sentir un poco de nostalgia, ese sentimiento raro de esperar tanto tiempo algo y que al final se pase en un pedo y termine siendo sólo un recuerdo. Para ser mi primer recital sola, fue genial. Pude irme hasta adelante de todo, meterme en el quilombo y que nadie me rompiera las bolas. No puedo dejar de decir que fue todo tan hermoso e increíble, es algo que nunca me voy a olvidar. Deep Purple es una parte importantísima de mí, ojalá lo supieran; pero demasiado ya haber tenido la suerte de poder verlos por última vez. Los amo.


6 de diciembre de 2017

Adulta responsable

(Esto lo empecé a escribir hace como un mes y me colgué en terminarlo, lo 100to.)

Después de un año sabático en el que todos flashearon que me re divertí pero en realidad me la pasé llorando y luchando contra mi depresión, llegó el momento de que esta adulta responsable de 18 años hiciera algo productivo con su vida. Lo pensé y al final decidí tratar de estudiar de nuevo; y, para no fracasar otra vez, elegí algo que se relacione a lo que ya vengo aprendiendo hace muchos años. Me anoté en la carrera de traductorado de inglés literario y audiovisual (hasta me siento importante nombrándolo, ya veo que termino vendiendo dvds piratas en la estación de Morón). 

Como en estos tiempos modernos todo es mucho más fácil, tuve que hacer la preinscripción de la preinscripción de la inscripción un día por internet. Como soy una persona muy ansiosa, lo hice el mismo día que estuvo habilitada esa página. También saqué turno para ir a legalizar mi título secundario; cuando me lo dieron en la escuela me habían dicho "no es necesario que lo vayas a legalizar a menos que te vayas a estudiar al interior", "¿sirve para Capital?", "sí, sirve" MENTIRA, NO SERVÍA, TODOS ME MIENTEN. Tenía para el 7 de noviembre a las diez de la mañana.

Si pienso mucho las cosas, me empiezo a cuestionar todo y llego a la conclusión de que voy a ser una infeliz y al final me voy a morir y nada de lo que haya hecho va a importar, entonces hice lo más sano posible: me obligué a olvidarme de toda la cuestión hasta el fin de semana anterior a hacer los trámites. De puta casualidad entré ese domingo a la página del instituto y habían publicado que ese lunes a las seis y media había una charla informativa de la carrera. La adulta responsable iba a tener que aprender a viajar sola.

El plan era este: ir a la charla, ir a la casa de mi tía en Capital, quedarme a dormir ahí y al día siguiente ir a hacer toda la pelotudez del título y llevar los papeles al instituto. Para ir a la charla, tuve que aprender a viajar hasta Retiro (como se supone que voy a hacer todos los días durante por lo menos cuatro años). Entre tomar el colectivo que pasa por la esquina de mi casa y siempre tarda quinientos años en venir y al final terminan viniendo como tres juntos, tomar el tren y después otro colectivo que me dejara en Retiro, tardé como dos horas y media. Ahí estaba yo, rodeada de gente extraña en un lugar extraño y cerrado del cuarto piso en el cual fácilmente te podés morir de calor.

La charla estuvo normal, qué se yo; lo único que me pareció una pelotudez es que, para recibirme, voy a tener que dar un examen de un tercer idioma. PARA QUÉ. "Para ampliar sus oportunidades laborales", dijeron. La chota. Tengo que ver cuál elijo porque obviamente el idioma que me interesa no entra en las opciones (y no voy a elegir portugués solamente porque "es parecido al español y es fácil!" porque LO ODIO). Lo que sí me da mucho miedo es el hecho de que haya vacantes limitadas y que yo con la suerte que tengo me quede afuera y me pase otro año en mi casa sufriendo; manden sus bendiciones para que me vaya bien en el ingreso.

Volviendo al fantástico relato de mi viaje: me gustaría decir que la noche anterior dormí plácidamente PERO NO. Los edificios son lo peor del mundo, se escucha a los pendejos del departamento de al lado gritando, a los del quinto piso roncando y a los del edificio de enfrente cantando el tema de Marolio a las dos de la madrugada. A todo esto vamos a sumarle la ansiedad que no me deja vivir y hacía que yo soñara que llegaba tarde (es algo que me desespera) haciendo que me despertara durante toda la noche para fijarme la hora. Al final me desperté bien, salí a tiempo, me tomé el subte y llegué a la hora que tenía turno.

Ahí me atiende una chabona, yo re contenta de que algo me saliera bien en la vida, hasta que me dice:
-Te falta un papel.
-¿Qué? ¿Cuál?
-Vos trajiste el analítico solo, tenés que traer el del título también, sino no te podemos legalizar nada. ¿No te dieron un papel más chico en la escuela?
-No... me dieron este solo.
-Bueno, hagamos así: andá a buscarlo y cuando puedas vení de nuevo sin turno y te hacemos la legalización.

La verdad es que me habían dado el papel ese, pero me lo había olvidado en mi casa; entonces les dije a todos "esa escuela es una mierda, no me dieron todo lo que tenía que llevar y blablabla". Seré pelotuda pero no voy a demostrarlo enfrente de todos, una tiene que seguir siendo pelotuda en secreto para ser respetada. Volví al instituto a ver si podía dejar los papeles que tenía y volver al otro día con el título pero nooooo, ese día todo salió mal. Tuve que volver a mi casa, buscar ese otro papel y volver a lo de mi tía para hacer exactamente lo mismo al día siguiente.

Al otro día todo marchó bien Milhouse. Me pude anotar y aunque no tenga nada seguro y esté cagada en las patas, es como que tengo un objetivo, algo que me motiva a hacer algo con mi existencia. Ya no puedo esperar a febrero (tengo que hacer un curso de nivelación de español todo ese mes antes del examen de ingreso), a cagarme de calor, viajar en el Sarmiento en horas pico... hermoso. Pero ojalá esta vez me vaya bien.