20 de enero de 2018

AY CARAMBA

Bueno mis agustinistas, hoy les voy a contar la historia de mi experiencia más cholula hasta la fecha, y que sucedió hace menos de 24 horas.

Estoy de vacaciones en Chile ("¿vacaciones de qué, si estás al pedo todo el día?" seguramente está diciendo mi abuela a la distancia). Estuve tres días en Santiago y hoy es mi primer día en Viña del Mar. 

Soy una piba con mucha mala suerte, pero a veces tengo un orto gigante y me pasa algo genial que parece obra del destino para compensar todo el tiempo que la estoy pasando mal. Por eso, cuando me enteré que The Holydrug Couple iban a tocar en Santiago el último día que yo iba a estar ahí GRITÉ. Historia previa: The Holydrug Couple son una banda chilena de rock que muchos definen como psicodélico, los conocí en octubre del 2016 y soy re fan; acá dejo un temín.

En fin, cuando comprobé que iban a tocar en el teatro municipal que estaba como mucho a cinco cuadras de mi hotel y que la entrada salía el equivalente a menos de 200 pesos argentinos supe que  d e b í a  ir. Y lo hice.

Llegué temprano porque supuestamente las ubicaciones eran por orden de llegada y yo quería estar cerca de ellos, lo suficiente como para verles las gotitas de transpiración que les chorreaban por la cara. Al entrar a la sala del teatro donde iban a estar ellos, me sorprendió ver que no había asientos y había tipo dos escenarios: uno en el que había un piano en el centro de un círculo de luces, y otro donde había una batería. Sabía que antes de The Holydrug Couple iban a tocar otros músicos, de hecho cuando llegué había un chico tocando una guitarra y unos sintetizadores. Me senté en un banco que había a un costado cerca del escenario con la batería (que sabía que era el de mis chicos) para ver bien y me dispuse a esperar.

La espera de mi banda se me hizo eterna, más que nada porque no conocía a los otros músicos que había. Se notaba que todos se conocían ahí, y seguramente yo era la única argentina en ese lugar. En un momento, cuando estaba tocando el primer chico (el que vi cuando entré), vi un pibe de remera blanca y dije "AY, ES IVES" o sea, el cantante y pibe orquesta de Holydrug Couple. Y después lo vi a Manuel, el baterista. Lo único que puede describir cómo me sentía en ese momento es esto: !!!!!!!!. Ellos iban de acá para allá, hablando con gente, tomando birra. Me pasaron por al lado como mil veces y yo solo los miraba tratando de disimular mi emoción. Sabía que tenía que acercarme a hablarles por lo menos un minuto, pero, ansiosa como nací, me daba muchísima vergüenza; y más sabiendo que me trabo al hablar cuando estoy nerviosa.

Pasaban las horas y yo seguía ahí, esperando y escuchando artistas desconocidos y flasheros. Mi tía (sí, hice que me acompañara en mi aventura) se estaba durmiendo, y ya estaba tocando el tercer músico de la noche. El primero fue el wachin de la guitarra y los sintetizadores, los segundos fueron un pibe en la guitarra y otro en el piano que tocaron en ese tipo de escenario central rodeado de luces (me gustó su música pero las luces eran DEMASIADO fuertes y las prendían y apagaban constantemente causándote ceguera temporal), y el tercero era otro chaboncito con sintetizadores tocando un tema muy extenso. En un momento me dije "bueno, tengo que ir a saludar a alguno de los chicos porque los tengo acá nomás y si no lo hago me voy a doctorar en pelotuda". Y ACÁ VIENE LO BUENO.

Yo lo veía a Manuel a la distancia, pero siempre que me estaba por acercar él se encontraba con otras personas y se ponía a hablar, y no lo quería interrumpir. En un momento se fue por la puerta de entrada de la sala y yo dije YA FUE PERRO, me paré y fui hasta ahí, esperando poder saludarlo cuando volviera; y al toque volvió. En ese momento me sentí mega nerviosa, o sea lo tenía literalmente a dos centímetros y dependía de mí iniciar la interacción, de mí, que me da vergüenza hablar por teléfono. Con toda mi caradurez del momento sacada de no sé dónde, le toqué el hombro y le dije "hola".

Cuando se dio vuelta yo sentía que me iba a hacer pis encima en cualquier momento. Ya sé que es un ser humano normal, pero nunca estuve tan cerca de un músico que me gustara; y si ya estaba nerviosa viéndolo pasar, imagínense en ese momento, que lo tenía enfrente mío mirándome. Como pude, le dije que lo quería saludar, que venía de Argentina y nunca pensé que iba a poder verlos tocar pero tuve la suerte de que estuviesen justo cuando yo estaba de vacaciones en Santiago (obviamente me expresé como el orto y no sé si llego a entender todo lo que le traté de decir porque se me cruzaban las palabras de los nervios). Me dijo "ahh de Argentina, qué bueno! Muchas gracias por venir a vernos desde allá". Yo le dije que estaba muy lindo todo, y me dijo algo tipo que tenía que irse a arreglar unas cosas del sonido, pero que en un ratito ya tocaban ellos. Nos dijimos chau y cada uno por su lado, mientras yo volvía a mi banquito con la sonrisa más pelotuda y auténtica de mi vida. Y es que no lo podía creer; toda mi vida los músicos fueron inalcanzables para mí, y sin embargo lo tuve a Manu ahí nomás y hasta intercambiamos unas palabras. QUIERO LLORAR.

Para terminar, después de un rato empezaron a tocar mis chicos y estuvo tremendo. Estaba cerca de ellos y se escuchaba re piola, y hasta pude sacar algunas fotos con mi celular poronga que no se vieran como el orto. 
Conclusión: SOY MUY FELIZ.





Ives

Manuel





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