Creo haber mencionado en alguno de mis demasiados posts hablando sobre bandas (Y BUENO tengo intereses muy limitados y de no ser por eso mi vida sería aún más miserable) a unos tales The Mars Volta. Omar Rodríguez López y Cedric Bixler Zavala, antes de tener este grupo, estaban en At the Drive-In. El ser fan de ellos me llevó a empezar a escuchar esa otra banda que, si bien en el momento en que los conocí no era el tipo de música que solía escuchar, me terminó gustando. El año pasado me enteré de que iban a venir, y como dudo que TMV se vuelva a reunir porque ya tienen algunos cadáveres entre los que serían sus integrantes, para mi cumpleaños pedí la entrada para ir, obviamente sin pensar en qué me estaba metiendo. Como nos pasa a todos cuando nos vamos poniendo más viejos, el tiempo se pasó rapidísimo y sin darme cuenta llegó el día.
El día me bendijo con mucho calor, porque la vida ama hacerme sufrir en lugares cerrados con grandes concentraciones de gente. Como en fechas de recitales yo invado la casa de mi tía y el Teatro Flores quedaba cerca, fui tranca palanca en subte y llegué, no sé, media hora después de que abran las puertas. Realmente no había CASI NADIE y obviamente aproveché para irme adelante de todo, en lo que sería "segunda fila" (porque no hay filas, pero estaba atrás de unas chicas que estaban pegadas a la valla). En este momento tal vez volvería a ese día y me diría no piba, andate un poquito más atrás, está bien que querés morir pero tampoco en este lugar y sofocada por cincuenta vagos con olor a chivo; pero yo me creía re piola y además iba a ver a Cedric de cerca.
Cuando supe que iba a empezar, me preparé para la avalancha a mis espaldas que me empujaría hacia adelante, como me ha pasado anteriormente, y me aferré con fuerza a mi celular porque si se caía ya no me pertenecía (al pedo igual porque me lo punguearon en el colectivo un par de semanas después), pero no me esperaba que todo fuese TAN INTENSO. La gente se cagaba a palos, pero de verdad, volaban por los aires y se revoleaban. Ahí me dije y sí, pelotuda, viniste a ver a una banda hardcore!!
Estar adelante de todo el tiempo que lo aguanté tuvo su recompensa, porque Cedric, mi amor Cedric, me miró. Seguramente yo flasheo y miró a cualquiera de los que estaban a mi alrededor, pero tengo que tener algún motivo por el cual sentirme feliz. Cuando salió nos miraba a todos los que estábamos ahí al borde de la muerte haciéndonos caras de boludo, y siento en lo más profundo de mi ser que yo fui receptora directa de uno de esos gestos.
Lo que aguanté ahí fue el primer tema y casi la mitad del segundo. Yo luchaba por sobrevivir, y para ese momento ya habían pasado por encima mío como cinco personas crowdsurfeando (?). En un momento sentí una patada muy fuerte en la cara, un poco más abajo del ojo, y dije bueno muy lindo todo pero esto recién empieza y me van a devolver a mi casa adentro de una caja. Me fui yendo, como pude, para atrás, hasta llegar a donde el quilombo ya estaba más calmado.
La patada fue mi merecido por haber sentido que Cedric me miró. Yo tengo la teoría de que, por cada vez que me pasa algo bueno, me tengo que preparar porque ya se viene algo malo y de duración más prolongada (evidencia científica: fui feliz un mes e infeliz seis meses). ¿Por qué? No lo sé, sólo sé que es así, pero debido a eso me obligo a disfrutar de mis momentos felices con más ganas
El resto del recital me lo pasé entrando y saliendo constantemente de la zona peligrosa. Cuando empezaba un tema que me gustaba más, me metía al mar de cuerpos sudados a agitarla y cagarme a palos con el primer ser que tuviese al lado, el cual me empujaba aún con más fuerzas, pero todo amistosamente, porque ESTO ES BOKEEE. En las otras canciones me iba para atrás a escuchar, la guitarra casi me deja sangrando los tímpanos, pero era hermoso.
Todo terminó con One Armed Scissor, en un tsunami de patadas y emoción (?) que nunca volveré a sentir porque no creo volver a vivir voluntariamente un acontecimiento así. Cuando se prendieron las luces, todos se pusieron a buscar sus pertenencias por el piso, enterradas entre muchísimos vasos de cerveza vacíos. Yo perdí, en el último tema, el pañuelo verde que tenía atado a la muñeca de una manera que casi me cortaba la circulación, NO SÉ CÓMO, PERO VOLÓ. Me encontré una riñonera que agité por los aires esperando que alguien la reconociera; era de un chabón en cuero y hecho mierda que vino corriendo y me abrazó agradeciéndome, pero incluso antes de que yo la agarrara alguien ya le había afanado el celular y la billetera que tenía adentro (un país con buena gente).
Volví aturdida y con el ojo morado, pero con una experiencia vivida y al fin y al cabo quién me quita lo bailado.
El último tema siempre es el mejor. Cedric sigue saltando así de sacado.
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