17 de noviembre de 2018

El sueño de la piba

Esta semana la vida, el destino, la energía cósmica del universo o lo que mierda sea, me recompensó POR FIN después de hacerme aguantar aproximadamente cinco meses de constante sufrimiento psicológico (evidente en lo último que había escrito, un día en el que no aguantaba más). Debo contar los hechos en posts separados, y este va dedicado a posiblemente mi mayor ídolo en la vida, el señor Roger Waters.

Tenía la entrada para ir a verlo desde hace un año, y realmente hasta que no se aproximó la fecha me olvidé de que iba a verlo de nuevo. Desde el 2012 estaba esperando que vuelva, y cuando el año pasado salieron las entradas me chupó un huevo que fuese un martes y tener que irme hasta La Plata; por suerte nadie olvidó mi amor por este señor y ese fue mi regalo de navidad. Fue una espera más larga que la de la vez anterior, pero ya estaba acostumbrada (?). El tiempo pasó y llegó el 6 de noviembre, y ahí estaba yo, en una combi hacia ESE ESTADIO DE MIERDA QUE ODIO.

Siempre considero necesario mencionar la importancia de Pink Floyd en mi vida, aunque ya lo haya hecho muchas veces. Toda la música la asocio con épocas y recuerdos de mi vida, porque vivo a través de la música que escucho y que me acompaña todos los días, y Pink Floyd fue protagonista de un período particular, el de la entrada a la adolescencia. Tenía 12 cuando una tarde de vacaciones de invierno pasaron en Much Music un recital en el que tocaban The Dark Side of the Moon completo, y yo realmente me quedé impresionada con esa música. A partir de ahí me puse a investigar, a escuchar todos sus discos y aprenderme todas sus canciones, porque uno también se refugia en las cosas que le gustan. Mi paso de la pubertad a la adolescencia fue complicado porque salieron a la luz muchas cosas que, hasta ese momento, creí que no tendrían importancia si las reprimía. La ausencia de mi mamá, la mala relación con mi papá, el sentimiento de ser ajena a todas las otras personas en mi vida y de nunca poder encajar en ningún lugar, el odio hacia mí misma; todo eso me atacó y casi sin darme cuenta me hizo vivir una pesadilla y pensar cosas horribles cada día. Por sobre todas las cosas, no podía dejar de sentirme sola. Pero tenía a Pink Floyd. En sus canciones me vi a mí, a mis pensamientos y a las cosas que me atravesaban, y por eso creo que tengo mucho para agradecerle a Roger Waters, porque me hizo sentir que existía una persona en el mundo que me entendía. ~Fin de la parte solemne y emotiva~

Cuando fui a ver el recital de The Wall en 2012 lloré como una hija de puta ni bien vi el escenario. Esta vez, años después, me contuve un poco más. Sabía que iba a estar lleno porque estaban las entradas agotadas, y cuando llegué el único lugar en el que me pude ubicar fue en la rampa que unía las plateas con el campo, de más está decir que esa rampa es UNA CAGADA. Además, ahí estaban apiñados todos los de prevención y casi que los escuché más a ellos gritando "dejen espacio para que pase la gente" que a la música. Por suerte me pude acomodar al borde de el-espacio-para-que-los-rompebolas-pasen y desde ahí pude ver lo más bien.

No sé qué tanto puedo relatar del recital, más allá de que me emocioné muchísimo. No puedo evitar compararlo con el show que vi en 2012, pasa que este me gustó más por tener temas de otros discos que también amo, como Animals o Dark Side (TOCÓ ONE OF THESE DAYS, MI MENTE TODAVÍA NO LO PROCESA). Obvio que lloré, esta vez no al borde del desmayo, pero canciones como Wish you were here y Brain damage/Eclipse hacen florecer sentimientos en este pobre corazón.




La segunda parte de mi aventura Rogerlieber tiene que ver con otra deuda que tenía que saldar desde los 12 años: tenerlo enfrente mío y que me de un autógrafo. La vez anterior que vino creo que absolutamente todo el país sabía dónde encontrarlo, por eso se hacían colas que doblaban la esquina de la cuadra del hotel y, aunque me saludó de lejos porque le grité como desquiciada, las dos veces que fui no logré que me firmara nada. Esta vez, el día del recital averigüé dónde estaba, llegué de La Plata a eso de las tres de la mañana, me dormí y a las ocho de la mañana siguiente ya estaba levantada preparándome para ir a cumplir mi sueño.

El Four Seasons será muy cheto pero desde afuera apenas parece una torrecita de mierda, por lo menos en la esquina en la que estuve parada horas. Ahí habían algunas personas locas como yo con el mismo objetivo, y tuve que hacer sociales. Igual todo bien, porque a pesar de no tener habilidad social, a veces la gente es piola y si compartimos gustos es como que me siento más tranquila. Esperamos, hablamos de la vida, hablamos de Pink Floyd, tuvimos frío, nos cagamos de hambre, hasta que salió el guardaespaldas de Roger y nos avisó que sólo salía a firmar los días que tenía show; por lo tanto, teníamos que volver el sábado. Los que estuvimos ahí hicimos un pacto de no revelar la información top secret de la ubicación del señor, para que cuando volvamos no estuviese lleno de gente, y nos despedimos con un "hasta el sábado".

El sábado me despertó una lluvia de la san concha, pero afortunadamente soy una persona cabeza dura que una vez que se propone algo lo tiene que cumplir tal vez por eso es que todavía sigo viviendo. Nuevamente me levanté y me encaminé hacia el centro, con cds en mi mochila y el paraguas de mi abuela en mis manos.

Esta vez había más gente que el miércoles, pero tampoco eran más de 200 como en 2012 (estoy traumadísima con los hechos del 2012, déjenme). Bajo la lluvia esperé en la vereda del hotel, haciéndome la cabeza y pensando Y SI NO SALE? Y SI SE VA A LA MIERDA Y NOS DEJA ACÁ TIRADOS A TODOS? Y SI SE VA ANTES DE QUE YO LLEGUE A TENERLO ENFRENTE? Y SI SE MUERE Y YO ME LO PIERDO DE NUEVO?? Por suerte salió el guardaespaldas, nos contó a todos y asintió, como asegurándonos que todos llegaríamos a obtener lo que estábamos buscando. Nos dijo que iba a salir a eso de las dos, sólo quedaba esperar.

En un momento, no sé cómo, la fila se trasladó hacia el hall del hotel. Yo estaba empapada y protegiendo mis cds con la vida; llevé los tres que tengo y fue momento de elegir uno. Tenía The Piper, Dark Side y The Wall, y aunque el primero fue el que le dio inicio a esta banda y The Wall fue como mi refugio en malos momentos, elegí Dark Side porque sin haberlo escuchado yo no hubiese estado ahí ese día. De un momento para el otro PUM, SALE ROGER Y LA FILA SE MUEVE.

Desde donde yo estaba no veía mucho, pero cuando lo pude ver ahí, a una corta distancia de mí, sentí que iba a fallecer. Así en un pedo iba pasando la gente, hasta que sólo había una persona adelante mío. El señor quería que le firmara la remera que tenía puesta, pero por algún motivo no firmaba remeras, y cuando me doy cuenta él, el mismísimo George Roger Waters, me está mirando a mí, me está señalando a mí y me está diciendo "you!" para que pase a mí. Mi vida pasó en cámara lenta en los siguientes, como mucho, diez segundos. Le di mi cd, él lo agarró y empezó a trazar una R con su marcador plateado; ni siquiera lo hizo a las apuradas, yo sentí que se tomó todo el tiempo del mundo para hacerme una firma prolijita y que no se viera como un garabato. Mi cuerpo se había convertido en un temblor chileno. Yo levanté la vista y lo vi, lo tenía a centímetros de mí, o sea, estaba coexistiendo en el mismo espacio que Roger Waters, el bajista de Pink Floyd, uno de los mejores compositores del mundo cuya obra sigue conmoviendo a millones, una leyenda del rock como dijo mi tío. Sobre todas esas cosas, el hombre que, aún sin conocerme, me tocó el alma y me hizo sentir comprendida. LA RE PUTÍSIMA MADRE QUE ME REMIL PARIÓ. Yo lo miraba y se me superponían imágenes suyas de joven; era el mismo Roger de las más de tres mil fotos en mi computadora, el mismo que nació en Surrey y conoció a Syd Barrett, el mismo que compuso Atom Heart Mother, el mismo que le dio al gong en Live at Pompeii, el mismo que largaba aros de humito con el pucho, el mismo que toda mi vida vi a través de videos, EXISTÍA Y ESTABA AHÍ, FIRMANDO MI CD DE THE DARK SIDE OF THE MOON, EL CUAL COMPUSO ÉL. Todo eso pasó por mi cabeza en segundos. Roger me devolvió el cd. De mi boca salió la sonrisa más pura que tuve jamás y un muy deforme "tHaNk YoU sO mUcH" lleno de emoción, él me sonrió, como sintiendo a la vez la emoción que me provocaba estar enfrente suyo, me dijo "thank YOU!", y me tocó el hombro como para despedirme.

Todavía no caigo.

Todavía veo el cd apoyado en una repisa de mi biblioteca y no lo puedo creer.

No puedo creer que la firma de Roger Waters esté sobre un objeto que me pertenece.

Lo amo.
LITERALMENTE UN SEGUNDO ANTES DE QUE ME LLAMARA.

Una Agus feliz.


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