4 de febrero de 2016

El regreso del jedi (¿?)

Hace años no escribo nada acá, no sé, seguro perdí la magia de la pubertad que me hacía decir tantas boludeces. Iba caminando por la calle y pensé "altos tiempos cuando escribía en mi blog", y por suerte (o desgracia) me pasó algo digno de relatar. Y lo voy a hacer acá porque total ya nadie me lee ¯\_(ツ)_/¯


Mi hermano va a una colonia de vacaciones a la cual me obligan ir a buscarlo a la salida, impidiéndome disfrutar de mis vacaciones durmiendo hasta las dos de la tarde como solía hacer en los viejos tiempos (y con "viejos tiempos" quiero decir hace un año). ¿No son horribles las colonias de vacaciones? Un montón de profes que vienen a ser las Panams y los Topas pero del barrio y que se encargan de entretener a los pibes por unas horas haciendo actividades y deportes mientras ellos probablemente preferirían estar tirados frente a la tele comiendo un superpancho. Perdón pero cuando todavía tenía edad fui a una colonia por un mes y dejó una cicatriz incurable en mi ser (?) que me motiva a odiarlas. Volvamos a lo nuestro.

Mi abuela se había ido a la casa de algún familiar que no conozco, o sea que además de ir a buscar al niño tenía que hacer de comer para los dos sin incendiar la casa. La solución era sanguchitos, ese fino manjar que soluciona todos los problemas del ser humano. Porque, ¿quién no puede ser feliz mientras se come un sánguche? 
En mi casa había jamón, más del necesario; pero no había una feta de queso. Ni siquiera un pedazo de queso de pizza para hacer unos "tostados" pobres calentados en la sartén. Por lo tanto tuve que salir de mi casa más temprano para ir a la fiambrería y llegar a buscar a mi hermano a tiempo.

El colectivo vino más temprano de lo que esperaba, en la fiambrería sólo tenía dos personas adelante mío, todo marcha bien Milhouse. Hasta ese momento.
Porque sólo había dos chicas atendiendo, y las dos personas que estaban adelante mío eran El Chabón Barbacoa y La Vieja Chota.

El Chabón Barbacoa era uno de esos que te das cuenta por la pinta que votaron a Macri porque creen que todos los negros deben morir, tienen una esposa modelo, dos o tres hijos malcriados y una quinta en algún lugar cheto donde hacen asados ("barbacoa" en su vocabulario) los fines de semana con la familia, amigos, familia de amigos, amigos de amigos, etcétera. Seguramente su esposa le insistió toda la mañana para que vaya a comprar comida para el fin de semana, pero falta para el fin de semana todavía amor, no importa gordi, siempre comprás todo a último momento y no conseguís nada, dale haceme el favor
Ya sé que para hacer una barbacoasado tenés que ir a comprar a la carnicería, porque seré pobre pero no boluda (y además hace poco comí asado); pero los chetos también se pasan por la fiambrería a comprar una variedad de boludeces caras que complacen su fino paladar (nunca conocerán el placer de un sanguche de fideos fríos a las tres de la mañana cuando lo único que hay para calmar el hambre son sobras del almuerzo). 

En fin, cuando vi que el chabón pedía queso para hacer a la parrilla, un vino sofisticado, salchichas alemanas "no las grandes, esas que son como snacks" y otras mierdas, supe que iba a tardar mucho; así que puse mis esperanzas en que la vieja compre una prepizza y se vaya.

Pero no.

La Vieja Chota era de esas que se nota a la distancia que es chota, y cuyo propósito en la vida (o por lo menos en lo que les queda de vida) es cagar a aquellos que la rodean, ya sea sin querer o a propósito. A su chotez se le suman sus incontenibles ganas de contarle todos los detalles de su existencia a personas a las que no les interesa en lo más mínimo. Todas estas maravillosas cualidades se combinaron cósmicamente para engendrar al ser con el que tuve el placer de encontrarme hoy por obra y gracia del mismísimo destino.

"Dame un cuarto de jamón cocido... y un cuarto de jamón crudo... y un cuarto de queso de máquina... y un pedazo de queso mar del plata, ni muy grande ni muy chico... y aceitunas... y un documento legal firmado por Stalin... y un santo grial... y..." SEÑORA APÚRESE QUE VENGO A COMPRAR CIEN PUTOS GRAMOS DE QUESO Y SE ME HACE TARDE PARA BUSCAR AL PIBE. 
Si se quedaba cinco minutos más no hay duda que se compraba toda la fiambrería. A todo esto se le suma el hecho de que le daba charla a la pobre vendedora. "Es que vuelve mi hijo de vacaciones... con la familia... (¿vieron que estas viejas siempre hablan pausado?) y quería hacer una picada... pero seguro vuelven cansados... no sé... por las dudas compro ahora... y después vemos..."
"Ajá".

A lo lejos escucho que al Chabón Barbacoa le cobran MÁS DE MIL PESOS y la que lo atendía (que tenía cara de haber experimentado lo que era el infierno poco tiempo antes) se sintió aliviada al ver que sólo le pedí cien gramos de queso.


Igual fue al pedo, porque llegué a mi casa y no había pan. Tanto sufrimiento para terminar hirviendo unos fideos.

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