2 de mayo de 2016

La luz de mis ojos

Ya vieron la cara de quien escribe, qué decepción
¿Con el título se pensaron que iba a hablar de algún chabón? Pero ni en pedo.

Todo empezó una hermosa tarde de verano en la que vimos pasar una laucha por el patio. Entonces mi tía después de cagarse toda nos dijo que si no traíamos un gato no nos venía a visitar más, que si nos vamos a morir que sea por pobres y no de hantavirus. Y mis ojos se iluminaron porque POR FIN IBA A TENER UN GATO. Jodí tantos años para traer uno de la calle, prometí que lo iba a cuidar yo, y nada, mi abuela no me dejaba. Y mi tía con su amenaza falsa logró lo que yo no logré en todo ese tiempo. Pero bueno, por fin iba a tener un gato.

Yo tenía mi historia con estos animalitos, porque tuve algunos cuando era chiquita y los quise mucho, pero la vida siempre me cagó, como es usual. El primero fue Jaime, aunque no lo conocí porque palmó cuando era muy chica, pero sé que meaba arriba de la heladera. Después estuvo Gatuno, creo que convivió con Jaime y yo tengo recuerdos de haber jodido tanto a este pobre animal, pero lo quería. Un día de lluvia llegué de visitar a mi padre, habré tenido cuatro años, y le pregunté a mi abuela si no había visto a Gatuno. "Se comió una laucha envenenada y se murió", me dijo con esa sensibilidad que la caracteriza. Yo lloraba, mi mamá le decía "AY MA CÓMO LE VAS A DECIR ASÍ A LA NENA"; pero después se me pasó. Lo recuerdo muy bien porque debe ser mi primer trauma infantil. Después tuvimos a Coco, el favorito de mi abuela, era igual al gato de Shrek y lo atropelló un auto allá por 2006. Y en 2007 ya estábamos sin ninguna mascota porque también se había muerto el Chiqui, un perro que tenía como 15 años y era un amor. Entonces nos trajeron una perra, la Negra, que tiene 8 años, sobrevivió a una alta sarna, sigue hecha una piba y le ladra a cualquier cosa que se mueva; y una gata blanca con una mancha negra en la frente, Manchita. Y ESTO TIENE SU TRAUMA TAMBIÉN. Un día estaba re tranca palanca en el patio y la gata estaba echada en la vereda, pasaron unos perros grandotes y se la comieron. YO VI TODO Y ESTOY LLORANDO MIENTRAS ESCRIBO ESTO. Después de este episodio mi abuela dijo "no más gatos" y así fue hasta hace un poco más de un año.

Mi abuela siempre conoce a alguien con un animal para regalarte, y la gata del vecino de una amiga nuestra justo había tenido crías, así que tenía que esperar un par de meses para darnos uno. Yo quería un macho, mi abuela una hembra, de más está decir que se hace lo que ella quiere. Todo ese tiempo pensando en nombres de gata PARA QUE AL FINAL ME TRAJERAN UN MACHO. Porque la gata que nos iban a dar era muy chiquita y no crecía, y se la quedó nuestra amiga. Pero oh, las ironías de la vida: la gata era travesti. Creció y le aparecieron unas bolas enormes. Yo no la vi, pero me lo contaron.

Y bueno, llegó el día. Yo no tenía clases y estaba haciendo tarea en el comedor, y llegó la amiga de mi abuela en bici con mi futuro hijo en una jaulita. El bicho estaba cagado, literalmente. Lo saqué un ratito en el patio para que se acostumbre, y mi perra se lo quiso comer. Después lo llevé adentro de mi casa y me rompió un par de cosas. Era tan chiquitito, tan cosita, ahora es una bestia el hijo de puta. 

¿Y qué nombre le puse? Terry. TODOS me dijeron "ay cómo le vas a poner así si es nombre de perro!" pero como yo le limpiaba las cagadas como mínimo tenía el derecho de elegir su nombre. Le puse así por Terry Kath, el guitarrista de Chicago, entienden Terry Kath-Terry Cat jajaja ay qué graciosa que soy. Igual muchas veces le digo Wachin, mi abuela le dice Cachuflón y mi prima Toga, ya debe tener altos problemas de identidad.

Sus primeros meses los pasó encerrado en una parte de la casa o en la otra, siempre bajo mi vigilancia. Si salía al patio la Negra se lo comía o se me iba a escapar, así que lo sacaba a veces (a upa) a que viera las plantas y la belleza de la luz del sol. Mi abuela explotaba porque yo lo dejaba dormir en mi cama y al principio lo odiaba, AH PERO CUANDO VINO EL FRÍO Y SE ACOSTABA EN SU CAMA PARA CALENTARLE LAS PATAS LO EMPEZÓ A QUERER.

Si me habré pegado sustos con este animal. A los dos días que vino lo escuchaba maullar y no sabía dónde estaba, ¿saben dónde se metió? EN EL MOTOR DE UNA HELADERA VIEJA QUE TENEMOS GUARDADA Y EL GIL NO PODÍA SALIR. Una vez se lastimó todo el hocico (¿los gatos tienen hocico o cómo carajo se llama?) y estornudaba sangre o no sé, yo no lo vi pero sí vi el piso lleno de gotitas de sangre así que lo llevé al veterinario. Me dijeron que o se lastimó con algo re zarpado o tenía cáncer, le dieron una crema para ver si se curaba y si no evolucionaba en una semana iban a llamar a la oncóloga. Ahí dije ya fue, no puedo querer nada porque se muere, tanto tiempo queriendo tener un gato y me vino con cáncer; y al final resulta que no tenía y se curó. Después se agarró hongos, otra vez una infección en el ojo, también lo castré, pero sobrevive a todo por ahora.


Actualmente tiene un año y no sé cuántos meses, come más que yo, se duerme en la mediasombra, se caga a piñas con los gatos del barrio, duerme en mi pieza y me rompe las pelotas todos los días a las seis de la mañana para que le abra la puerta; pero lo quiero

Mi único orgullo es esta foto:


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