5 de julio de 2017
Lo único bueno que recuerdo de mi papá es un fin de semana en su casa, habrá sido cuando yo tenía 12 o 13 años. Y es raro, porque yo odiaba su casa y también lo odiaba a él, pero todavía no quería darme cuenta. En fin, ese par de días estuvo bueno. Siempre que iba obligada a visitarlo los fines de semana la pasaba mal hasta el momento en que volvía a pisar la vereda de mi casa, y esa vez también iba con la sensación de que me iba a aburrir y sentir mal. Pero la diferencia es que tengo el recuerdo de haber pasado mi único momento padre-hija auténtico con él. Digo auténtico porque tengo un recuerdo falso de otro momento, una vez en la que yo era muy chica y fuimos a comer a un McDonald's cerca de la casa de su padre. Digo recuerdo falso porque nunca supe si pasó de verdad o lo soñé, y siempre que recuerdo ese acontecimiento tengo muchas dudas; onda, por qué mi padre me llevaría a un McDonald's tan lejos si ni siquiera me llevaba a la plaza que tenía a dos cuadras y era gratis. Si tuviese la muñeca de Frutillita bailarina que me vino en la cajita feliz según mi memoria dudosa lo podría comprobar, pero quedó en su casa, si es que existe. En fin, volvamos a mi recuerdo real. Ese fin de semana pasaban todas las películas de Star Wars en la tele, un día pasaban las tres primeras y el otro las tres últimas. Mi viejo las había visto todas, pero yo no y me re enganché a mirarlas con él. Y él me contaba la historia, me explicaba lo que no entendía y hablábamos sobre las películas cuando cenamos; y yo estaba re contenta. Hasta nos despertamos temprano al día siguiente para ver las tres que faltaban. Me volví a mi casa pensando que se puso las pilas y que por fin se rescató en darle un poco de importancia a su hija, la menos favorita. Hasta llegué a flashear que al fin de semana siguiente podíamos ver más películas, que eso podía ser algo que nos conecte y llevarnos bien en el escaso tiempo que compartíamos. Pero no. Después del fin de semana de Star Wars, todo fue como siempre. Volví a ser la hija ignorada y menos favorita. Y esa fue una de mis grandes desilusiones. Al tiempo se pudrió todo y no nos volvimos a hablar, ya van cuatro años. Y cuando me acuerdo de mi viejo siento mucha bronca por todo lo que me hizo en la vida, pero al mismo tiempo me acuerdo de ese fin de semana de Star Wars en el que la pasé tan bien y me da cosa; y no sé qué pensar. A veces me da lástima, porque si lo pensamos bien es un pobre infeliz que está solo porque él no se habla ni se relaciona con nadie de su familia (porque no quiere), y yo tengo una familia que me quiere pero sin embargo casi siempre me siento sola; y ahí hay otra cosa que tenemos en común, ser unos pobres infelices. A veces pienso que hice mal en no atenderlo cuando me llamó para mi cumpleaños. No lo atendí porque estaba bien y yo no sabía qué me iba a decir, si me iba a hablar tranquilo o me iba a empezar a reclamar cosas, y no quería que me arruinara el día. ¿Y yo qué sé si me vuelve a llamar alguna vez? ¿Yo qué sé si se muere y me arrepiento de no haberlo atendido? No sé una mierda de nada, y menos que tenga que ver con mi viejo. Pero lo que sé es que no quiero volver a ver Star Wars nunca más, porque es lo único que compartí con él de verdad; y que si la vuelvo a ver tiene que ser con él, si en algún momento nos reconciliamos. Y eso es algo que tampoco sé si va a pasar.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario