15 de mayo de 2013

Aprovecho mis últimos minutos de 13 años para deprimirme.

No quiero cumplir años, no quiero. No me gusta este ciclo que es la vida de nacer y un día morir. Preferiría ser nada. 
Me doy cuenta que el tiempo pasa y sigo siendo una infeliz que pretende estar bien. 

Extraño muchas cosas, gente... 
Extraño ser chiquita y que mis únicas preocupaciones sean ver los dibujitos y comer galletitas. Extraño dormir con la luz prendida porque los monstruos me iban a comer. Extraño mi alegría cuando mamá volvía del trabajo y siempre me traía stickers o alguna golosina. Extraño los juegos y los amigos. Extraño ir a la casa de papá e ir a la plaza con él. Extraño las veces que la abuela me hacía la comida y se ponía contenta cuando le decía que estaba rico.

Las cosas ya no son así.

Ya no soy chiquita. Mis preocupaciones son estar bien en la escuela y que mi mente no colapse. Los monstruos están ahí, con o sin luz, y no se van de mi cabeza. Mamá ya no vuelve, ni del trabajo, ni de hacer las compras, ni de ningún lugar. Los juegos ya no existen y los amigos son falsos. Papá ya no me quiere ni me lleva a la plaza. La abuela ya no se alegra de hacerme la comida, se enoja porque estoy muy gorda.

Estoy triste.

Y así pasa otro año de mierda.

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