Este verano fue insoportable y aburrido. Bueno, todos mis veranos son aburridos porque no hago una mierda; me la paso encerrada en mi pieza con morfi, el ventilador y la computadora hasta altas horas de la madrugada, escuchando música y boludeando para perder la noción del tiempo hasta que veo que sale el sol y me digo "uy, la puta madre, debería ir a dormir". Igual, este sí que fue peor, porque yo antes salía a la tarde a caminar y esperar que no me roben el mp3 o a la heladería con alguna amiga; pero ahora hacía un calor tremendo que apenas te dejaba respirar. Al único lugar que salía era al patio para tirarme a la pileta
Pero un día tuve que salir.
Mi amiga Yanina me dijo que se tenía que comprar ropa porque ya no tenía nada para ponerse (vos le abrís el ropero y tiene pilas y pilas de ropa que se compró y jamás usó), y me pidió que la acompañe a Flores, porque según ella ahí todo está más barato. Me dijo "si no podés voy sola" pero la piba se pierde hasta para ir a la escuela, y como yo viví 4 años en Flores
Fui hasta su casa para que tomemos juntas el tren. Antes de ir a Flores teníamos que ir a Castelar porque la madre estaba trabajando y ahí tenía que ir a pedirle la plata. El tema es que la madre trabajaba en un geriátrico de la loma del orto y tuvimos que ir caminando hasta allá bajo el bello sol de la mañana.
En el geriátrico nos recibió un viejo medio en bolas que nos decía "hola hermosas" y que me hizo considerar nuevamente la asexualidad. Por suerte la mamá de la piba no tardó mucho en darle plata y nos fuimos a caminar bajo el sol otra vez hasta llegar a la estación y esta vez sí ir hacia Flores.
Viajamos paradas pero por lo menos había aire acondicionado. Yo iba tranquila escuchando mi música rumana cuando Yanina me dijo:
—¿Y si bajamos en Floresta y vamos caminando hasta Avellaneda, que yo sé cómo ir?
—Vos estás en pedo, ¿tenés ganas de morirte? Yo no. Vamos a Flores.
—Pero no sé cómo ir desde ahí!
—PERO YO SÍ HIJA DE DIOS.
Estuvo mucho tiempo intentando convencerme, hasta que finalmente llegamos a la estación de Flores y tuvimos que bajar. Pensé que podíamos ir al centro, lugar al que no voy hace años y tenía ganas de andar por ahí porque si buscás bien hay lugares donde venden discos piolas; pero la piba quería comprar en Avellaneda porque "todo era más barato" así que me re cabió.
Yo no tengo idea ni de cuáles son las calles de mi barrio, menos iba a acordarme las calles de Flores, pero por suerte mientras caminábamos llegamos a la primaria a la que yo iba, que recordé que estaba en la calle Avellaneda, y por ahí seguimos. Eran cuadras infinitas inundadas de puestos, negocios y manteros, y en cada uno Yanina se paraba a mirar.
"Qué suerte que me acompañaste vos, mi mamá no quiere venir porque dice que soy muy hinchapelotas y nunca sé qué elegir", cuando dijo esa frase supe que me iba a esperar un largo día. La profecía de su madre se cumplió: me hizo entrar a todos los putos negocios, mirar todo lo que había, preguntar precios y al final salir sin nada. A esto sumemos el detalle de que TODOS los negocios eran mayoristas, así que si de pedo veía algo que le gustaba tenía que comprar tres cosas más, y como no le gustaba ninguna otra cosa pasamos como tres horas entrando a negocios y saliendo sin nada. Un paseo que no le deseo a nadie.
El objetivo original de la piba era: "me tengo que comprar algo para no ir re crota al cumpleaños de la hermanita de mi novio". ¿Para qué ir vestida elegantemente al cumpleaños de una nena de siete años que vive en un rancho como yo, como vos, como todos los que vivimos en el oeste, en el que probablemente la familia te reciba en chancletas? Yo qué sé, cosas de chicas. En un momento ya estaba cansada, chorreando transpiración y además cagada de hambre, y veía en todos lados publicidades de McDonald's o Mostaza que me incitaban subliminalmente a salir corriendo y comerme dos combos yo sola. Pero Yanina no dejaba de ver remeras y encontrarles defectos: que tenía flecos, que era muy corta, que era muy larga, que no le gustaba el diseño, que era muy escotada, que era muy cerrada, que "era de puta", etcétera. Tuve que aguantarme.
Al final tanto recorrido, tanto sudor, tanto dolor en las patas, para que terminemos entrando a una boliferia y comprando una musculosa pedorra y dos remeras iguales (una blanca y una negra) por cien pesos. Pensé que el calvario terminaba, pero la chica recordó que se iba a ir de vacaciones y se tenía que comprar una bombacha para la bikini. Y estuvimos una hora más recorriendo... no sé, lugares donde venden bombachas para bikinis ¿??¿ hasta que encontró una con la que no se le vea mucho el culo.
Después de esta pesadilla era mi hora de hacerla sufrir un poco, así que hice que me acompañe a ver el edificio donde vivía antes. No era tan lejos, pero la piba se quejaba de que le dolían las patas cuadra por cuadra, así que sólo fui, reviví recuerdos durante dos minutos y nos tomamos el palo para la estación de trenes. Nuevamente fuimos paradas, con la diferencia de que esta vez tenía las patas hechas mierda y me explotaba la cabeza de haber estado tanto tiempo bajo el sol. Luego bajamos en Ituzaingó, comimos (eran como las cuatro de la tarde pero nunca es tarde para almorzar) y nos fuimos cada una a nuestro respectivo rancho.
Una vez en mi casa lo primero que hice fue meterme bajo la ducha de agua fría para limpiar mi ser de la mugre. Luego fui a mi pieza, puse el ventilador al máximo y me tiré en la cama. Acá viene la experiencia cercana a la muerte: tenía un dolor de cabeza tan terrible que me hacía palpitar todo. ¿Qué hice? Recurrí a San Google para ver si tenía insolación. Gran error.
En una parte decía: "La insolación puede causar shock, daño cerebral, insuficiencia de órganos e incluso la muerte". OK.
Primero entré en pánico porque no había nadie en mi casa y me iba a morir sola. Después me puse a ver un video de Deep Purple y me olvidé. Y después sentía que tenía mucho, mucho sueño y pensé que llegaba mi hora.
Entonces sí, acepté que me iba a morir y no podía hacer nada para evitarlo. Pensé que lo bueno era que por lo menos no iba a tener que vivir la muerte de mis músicos favoritos. Cerré la computadora, puse mi disco favorito en el mp3 y esperé.
Yo posta estaba segurísima de mi muerte, por eso me sorprendí cuando me desperté y me di cuenta de que no estaba en el cielo, en el infierno o había reencarnado, sino que estaba en mi pieza enredada con los cables de mis propios auriculares. ¿Vieron cuando te despertás de una siesta y no entendés un carajo? Bueno.
Cuando entendí todo me di cuenta de que soy una pelotuda.

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