Toda mi vida tuve el apodo La Chica 10, porque jamás en mi vida me llevé una materia... hasta este año. Bueno, el año pasado, porque ya es 2017.
Como en la secundaria maldita a la que fui cuatro años estaba en la orientación de Arte, al cambiarme de escuela y de orientación sabía que llegaría el inevitable momento de rendir la puta equivalencia: Química de 4° año. El tema es que me hice la boluda lo más que pude, y nadie lo supo.
A una semana de terminar las clases, le dije a mi preceptora que tenía una materia pendiente. No me creyó, porque "no había nada en el expediente". Obvio, si nunca llevé el analítico de la otra escuela PORQUE CUANDO LO PEDÍ ME DIJERON "TE LLAMAMOS CUANDO ESTÉ" Y NUNCA ME LLAMARON. Para rendir, tenía que ir a pedirlo al otro colegio, al cual juré que nunca iba a volver. Le pedí a mi abuela que vaya a buscarlo por mí y casi me manda a cagar, así que una mañana fui con toda mi crotez a buscarlo.
El recorrido a la escuela estuvo lleno de flashbacks, recuerdos de mañanas de invierno yendo a la escuela cagada de frío escuchando Santana, de aquel grupo de amigos que me prometieron que siempre iban a estar conmigo y se olvidaron completamente de mi existencia entregándose a un vacío de jodas y alcohol en el cual la amistad ya no tiene significado y se cagan mutuamente, de profesores y compañeros que odié y de tardes llorando y esperando que todo eso terminara pronto. Pero bueno, tenía el analítico.
La fecha para rendir era el 14 de diciembre, tenía tiempo para conseguir una profesora particular y estudiar; todo tranquilo. Sin embargo, hubo un contratiempo con mi materia favorita en la vida (jaj): Educación Física. Toda mi vida la odié, es una cagada y no tiene utilidad porque no saben enseñarla. Estuve toda la primaria jugando al quemado, cuatro años de secundaria jugando al volley y los dos años restantes trotando en una pista de atletismo y haciendo abdominales. Si nos hubiesen enseñado cosas copadas, como cómo evitar un calambre en medio de la noche o ejercicios para que te baje la panza después de comer como hijo de puta en las fiestas de fin de año, y no hubiese tenido que asistir fuera del horario de clase, BUENO, capaz no hubiese sufrido tanto. Pero lo único que aprendí fue a odiar el deporte. Continuemos.
Esto tiene su historia previa: este año me viví accidentando, primero cuando me destruí las rodillas corriendo un colectivo, y después cuando me hice un esguince en el tobillo huyendo de unos chorros. Tenía justificativo, y aprobé los dos trimestres con un 7 a base de trabajos prácticos. Hasta ahí todo bien. En el último trimestre perdimos muchas clases porque el profe se jubiló, y dos clases antes de que termine el año encontraron un suplente. El primer día que estuvo ese chabón yo no fui porque tenía que ir al médico, así que fui la clase siguiente. Corrí, hice abdominales, según mis cálculos aprobaba. Pero llegó La Preceptora Hija De Puta.
La Preceptora Hija De Puta actuó de una manera, como era de esperarse, hija de puta, ya que cuando me vio le dijo al profesor "a esta alumna no la vi nunca". No hermana, yo fui a clases y jamás en el puto año te vi. Para mejorar todo, según los registros esa era la primera vez que iba a gimnasia en el año (un poco imposible porque ESTABA APROBADA), y no había manera de comprobar que sí había asistido porque se ve que el profesor que se jubiló no pasó las asistencias al registro. Cuestión que figuraba como libre en la materia. Cuestión que me la llevé.
| La vida |
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| Yo |
Recordemos: Química se rendía el 14 a las 13 hs. y Educación Física el 19 a las 8 hs. Por gimnasia ni me preocupé, porque el profesor me mandó a elegir tres trabajos prácticos sobre deportes y explicárselos el día de la mesa de examen. Facilísimo. En cambio, la profesora de química (una vieja garca que había tenido el año anterior) me dio todo el temario del año. T o d o.
-Profe, ¿no me puede decir en qué temas se va a centrar en el examen?
-Si rendís la materia previa, tenés que estudiar todos los temas del año.
Una carilla de hoja A4 llena de temas que nunca me enseñaron. Me quería dormir y despertarme un segundo antes de mi muerte. Como para hacer las cosas un poco más lindas, esta profe es famosa en todas las escuelas de la localidad por no dejarte usar tabla periódica en sus exámenes, obligándote así a estudiarla.
Estuve toda una semana yendo a una profesora particular, una mina muy piola que, además de enseñarme y prestarme su libro de química, me contó su vida y me inspiró confianza, ayudándome a meter tres mil temas en mi pequeño cerebro colmado de ansiedad, y aprendiendo de memoria la tabla periódica.
En fin, el día del examen había llegado. Tras una serie de eventos desafortunados (tuve que ir a la escuela a las ocho de la mañana porque era mejor compañera y me tenían que dar el diplomita pedorro pero resulta que al final no los entregaban ese día y fui al pedo) y el peso del cansancio de la noche anterior, fui a la escuela acompañada por mi amigo Luca, a quien quiero muchísimo y agradezco que me haya bancado en un momento de mi vida lleno de tanta angustia y sufrimiento. Ya sé que no es para tanto, pero en mis 12 años de vida escolar nunca había rendido nada, entiéndanme.
Nunca en mi vida sentí tanto alivio como cuando entré al aula y vi a mi profesor de química de este año y me enteré de que él me iba a tomar la prueba. A partir de entonces, el sol salió y la tranquilidad se apoderó de mi ser. Hice cuatro ejercicios de cinco (que nada tenían que ver con todo lo que me maté estudiando, porque era nombrar cadenas de hidrocarburos y hacer unos cálculos), aprobé con un 5 y volví a mi casa feliz y comiendo papas fritas con mi amigo.
El día que fui a rendir gimnasia, le dije a mi abuela que iba a acompañar a una amiga a rendirla y después iba a la escuela a pedir el certificado de título en trámite que necesitaba para anotarme en el terciario ese mismo día (que al final no era el 19, como me habían dicho; era el 21 porque cambiaron la fecha a último momento). Los días previos estuve haciendo los trabajos prácticos, logrando con éxito que mi abuela creyera que estaba dibujando cada vez que pasaba y me veía enajenada con un cuaderno enfrente mío. ¿Cómo lo hice? Gracias a ocho duros años de convivencia en los que me vio concentrada en mi arte
Al llegar al polideportivo, vi muchísimos pibes y pibas que iban a rendir lo mismo que yo. Ya es conocimiento universal que en esa materia te cuesta mucho menos llevártela y dar dos boludeces en un par de horas que asistir todo el año y encima no aprobarla por yeta como yo. Todo fue muy fácil, le entregué los trabajos al profe (ni los leyó), respondí algunas preguntas de dichos trabajos en una hoja a modo de prueba, corrí unas cuatro vueltas y aprobé con un cinco.
Después de eso fui a la escuela a pedir el certificado de blablabla y casi lloro para que me lo dieran, porque los muy putos tenían mil excusas, pero finalmente lo conseguí y pude ir a anotarme al terciario.
Ya puedo decir con orgullo que sobreviví a la secundaria y no me suicidé en el intento, cosa que pensaba que iba a pasar tarde o temprano. Y este año voy a estudiar para ser maestra de educación especial, porque ayudar a la gente me hace feliz. Y ahora voy a seguir viviendo mis vacaciones como la vaga de meirda que soy y que seguiré siendo el resto de mi vida.

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